¡Cambiemos de horizonte! Según la Saga de los Gotlandeses, cuyo texto original se remonta a la primera mitad del siglo XIII, la isla de Gotland estaba encantada (elvist) antes de ser colonizada: durante el día, se hundía bajo las aguas, y durante la noche salía a la superficie. Esta historia no deja de recordar la del castillo de Tintagel. En la Folie Tristan de Oxford (siglo XII) éste es llamado castillo encantado (chastel faez) porque desaparece dos veces al año:
[…] Tintagel li chastel faez.
Chastel fä fu dit a droit
Kar dous faiz le an se perdeit…
Une en ivern, autre en esté.
[…] Tintagel el castillo encantado.
Castillo encantado fue llamado con razón
Pues dos veces al año desparecía…
Una en invierno y otra en verano.
Y qué decir de los siguientes hechos: el lago de Granlieu tenía derecho de alta, media y baja justicia; el tribunal tenía su sede en una embarcación a doscientos pies de la orilla y, cuando el juez pronunciaba la sentencia, tenía que tocar el agua del lago con el pie.
Enseguida se advierte, al leer tales relatos, que nuestro mundo está habitado por fuerzas y seres invisibles, y esa opinión perdura en nuestros días, cosa que prueban perfectamente las tradiciones y creencias populares recogidas hasta un pasado reciente. De todas partes surgen espíritus, y la toponimia confirma la existencia de personajes misteriosos o, como mínimo, la persistencia de su recuerdo. Aquí tenemos la Found del Drac (Lozère), allí el Pozo del Hada o la Fuente de las Damas, denominaciones que evocan a los genios que rigen las fuentes. En el siglo XV, se empleaba una expresión casi proverbial: «Desnuda como un hada saliendo del agua».
Claude Lecouteux
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