A Mr. Leopold Bloom le gustaba saborear los órganos internos de reses y aves. Le gustaba la sopa de menudillos espesa, las mollejas que saben a nuez, el corazón asado relleno, los filetes de hígado empanados, las huevas de bacalao fritas. Lo que más le gustaba eran los riñones de cordero a la plancha que le proporcionaban al paladar un delicado gustillo a orina tenuemente aromatizada.
Tenía los riñones en mente mientras se movía por la cocina con suavidad, ajustando las cosas del desayuno para ella en la bandeja gibosa. Luz y aire helados había en la cocina pero fuera una mañana agradable de verano por todas partes. Le abrieron un poco la gazuza.
El carbón se enrojecía.
Otra rebanada de pan con mantequilla: tres, cuatro: bien.
A ella no le gustaba el plato lleno. Bien. Apartándose de la bandeja, levantó el hervidor de la hornilla y lo colocó de lado sobre el fuego. Allí quedó posado, deslucido y achaparrado, con el pitorro levantado. Un té pronto. Bueno. Boca seca.
La gata caminó estiradamente alrededor de una pata de la mesa el rabo espigado.
—¡Marrañau!
—Ah, con que estás ahí, dijo Mr. Bloom, apartándose del fuego.
James Joyce
Ulises
Título original: Ulysses
James Joyce, 1922
Traducción: María Luisa Venegas Lagüéns & Francisco García Tortosa
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