El espejo del rey cuenta una interesante leyenda sobre Themar, es decir, Teamhar, actualmente Tara, la antigua capital de Irlanda. El rey celebraba allí los juicios, sentado en un trono puesto sobre un promontorio; un día, pronunció un juicio inicuo y la tierra se dio la vuelta. «Lo que estaba abajo se encontró encima, todas las casas y el mercado real quedaron hundidos en las entrañas de la tierra». El libro de los monstruos, escrito hacia el año mil, afirma esto: «Dicen que en los pantanos hay monstruos con tres cabezas humanas, y cuentan la fábula de que habitan en las profundidades de los estanques, como las ninfas».
Se constara de inmediato, con estos simples ejemplos, que existen fuerzas desconocidas que reciben a veces una forma, forma de animal o forma humana, e incluso forma inanimada. Pero estas criaturas o estos objetos encarnan de hecho dichas fuerzas y son una forma más expresiva de representárselas.
Gervasio de Tilbury, que redacta hacia 1210 sus Ocios imperiales dedicados al emperador Otón IV de Brunswick, refiere también cosas extraña. En Italia está la ciudad de Terdona: «Cada vez que un jefe de familia de este lugar tiene que morir dentro del año, fluye sangre en un surco cavado en sus tierras por la reja del arado». En Cataluña, en el obispado de Gerona, se alza una montaña que tiene en su cumbre un lago de aguas muy negras y de fondo insondable. «Se encuentra allí, según cuentan, una morada de demonios […]. Si se echa al lago una piedra o algo pesado, estalla de inmediato una tormenta, como si los demonios estuviesen enfurecidos». Fray Salimbenio, en su Crónica, indica que Pedro III de Aragón subió un día de 1285 al monte Canigó y se encontró en medio de una tormenta; encontró un estanque, echó en él una piedra y vio surgir un abominable dragón que salió volando por encima de las aguas. Cerca de Cardeuil, prosigue Gervasio, al otro lado del canal de la Mancha, se extiende un bosque en medio del cual se encuentra un valle rodeado de montes: «Cada día, a cierta hora, se puede oír un carrillón melodioso de campanas». ¿Por qué esta fuente del obispado de Uzès cambia de lugar si ponen en ella algo sucio ¿Por qué los ataúdes que bajan por el Ródano se detienen por sí solos en el cementerio de los Aliscamps? En la región de Aix, dice Gervasio de Tilbury, existe «un peñasco en cuya pared a pico hay abiertas ventanas […]» y en las que aparecen «dos o varias señoras que parecen conversar entre ellas», pero, cuando uno se acerca, se esfuman. En el castillo de Livron, en el obispado de Valence, existe una torre que no soporta la presencia de un vigilante nocturno: el hombre es cogido y dejado en el valle, más abajo…
Claude Lecouteux
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