07 noviembre 2026

7 de noviembre

Ésa es la primera parte de la figura; describo a continuación la segunda. Durante los meses en que Carrillo dirigió la Consejería de Orden Público de Madrid Gutiérrez Mellado no era, como creía muchos años más tarde el secretario general del PCE, uno de los jefes de la quinta columna en la capital. Lo sería tiempo después, pero en la madrugada del 6 de noviembre, justo en el momento en que nacía el mito contrapuesto que iba a perseguir a Carrillo el resto de su vida —el mito del héroe de la defensa de Madrid y el mito del villano de los fusilamientos de Paracuellos—, Gutiérrez Mellado llevaba tres meses encerrado en la segunda galería de la primera planta de la cárcel de San Antón, porque el futuro general era uno de los muchos oficiales que, tras haber intentado en julio sublevar las guarniciones de Madrid contra el gobierno legítimo de la república y haber sido hecho prisionero, había rechazado el ofrecimiento de sumarse al ejército republicano para defender la capital del avance franquista; eso significa que Gutiérrez Mellado era también uno de los oficiales que el 7 de noviembre, tras la reunión restringida de los dirigentes comunistas y anarquistas que siguió a la primera reunión de la Junta de Defensa de Madrid la noche anterior, debió ser sacado de la cárcel junto a decenas de compañeros y ejecutado al atardecer en Paracuellos. Milagrosamente, a causa del desorden con que se llevó a cabo la operación, Gutiérrez Mellado sobrevivió a la saca de aquel día y a las sacas sucesivas que conoció la cárcel de San Antón hasta que el 30 de noviembre cesaron las ejecuciones. Porque ambos llevaban años luchando en la misma trinchera y convertidos en abanderados de la concordia que combatieron en su juventud, es imposible que para Gutiérrez Mellado Carrillo fuera todavía en 1981 el villano de Paracuellos, pero no lo es que en algún momento de la noche del 23 de febrero, mientras intercambiaba con él cigarrillos y miradas en el silencio helado y humillante del salón de los relojes, el general sí intuyera con toda su exactitud la extraña ironía que iba a hacerle morir junto al mismo hombre que, según probablemente creía (y probablemente lo creía porque él también comprendía el espanto real de la guerra), una noche de cuarenta y cinco años atrás había ordenado su muerte. Si es verdad que lo creyó, tal vez le hubiera importado saber que estaba en un error.

Javier Cercas
Anatomía de un instante

Este libro es un ensayo en forma de crónica o una crónica en forma de ensayo. Este libro no es una ficción. Este libro es la anatomía de un instante: el instante en que Adolfo Suárez permaneció sentado en la tarde del 23 de febrero de 1981, mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo del Congreso de los Diputados y todos los demás parlamentarios —todos menos dos: el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo— buscaban refugio bajo sus escaños. Este libro es la crónica de ese gesto y la crónica de un golpe de estado y la crónica de unos años decisivos en la historia de España. Este libro es un libro inclasificable. Un libro único.

Cortijo de San Isidro. Aranjuez. 2015

Cortijo de San Isidro. Aranjuez. 2015

06 noviembre 2026

6 de noviembre

 —Las cuentas de estos señores —dijo Salvador— son tan embrolladas como las leyes masónicas.

—Es sencillísimo —contestó Regato—. Se me deben 1.233 reales. Aquí está mi cuenta… «Por dos calaveras que mandé traer de la bóveda de San Ginés en 6 de Noviembre, 42 reales… Por el bordado de cuatro mandiles, 268… Por echar una pieza al sol, 12… Por pintar las llamas, 30… Por una escuadra nueva y siete malletes, 58… Por aguardiente que se dio a los de policía el 5 de Enero, 14… Por lo que se repartió cuando tiraron la pedrada al coche de Narices, 4 10… Por papel de circulares, 60… Por saldo del piquillo que se le debía a Grippini el cafetero de La Fontana, 140… y así sucesivamente, señores. Total, 1.233 reales». Ahora papá Sócrates ajusta las cuentas de otro modo, y no quiere darme más que 836 reales. Estas mermas son las recompensas de un hombre de bien que consagró su tiempo a ser secretario de la masonería durante cinco meses… ¡Vean ustedes qué pago! Adelanta uno su dinero para que el Orden no carezca de nada, y al pagar… ¡Luego se espantan de que me haya hecho comunero!…
—Bendito D. José —dijo vivamente Cicerón—, poco a poco. No nos espantamos de que usted se haya hecho comunero; nos espantamos y nos enojamos de que usted, tan favorecido por este Gran Oriente, prescindiendo de piquillos, alcances y descuentos, fomentara la escisión funesta que acaba de realizarse en la sociedad; que arrastrara fuera del Orden a esos desgraciados fundadores de la gárrula comunería, y que ahora, después que forman iglesia aparte, les incite contra nosotros, les predique la anarquía y el desorden, convirtiéndoles en desalmados jacobinos.
—Yo me marché de la masonería —dijo Regato con firmeza—, yo fomenté el cisma, yo contribuí a fundar la Sociedad de los Hijos de Padilla, porque la masonería vino a ser rápidamente una sociedad ñoña y que no sirve para nada, como dijo Voltaire. Yo no oí las verdades amargas que dijo el Sr. Monsalud esta noche, porque como hermano durmiente a perpetuidad, no puedo pasar de la sacristía ni aun entrar aquí, sino recatadamente y a ciertas horas; pero por lo que me contó el Sr. Canencia, sé que este joven puso el dedo en la llaga. Señores, esto es una farsa; esto no conduce más que a un servilismo no menos infame que el servilismo del año 14. Aquí se hacen los decretos a gusto de dos o tres maestros del grabado sublime; aquí se eligen los diputados; aquí no hay otra cosa que los manejos de cuatro fatuos que mandan y a su gusto disponen de todo. No les quiero citar, porque no hay para qué. Pero ellos quieren establecer el gobierno perpetuo de los tibios y adjudicarse todos los destinos. Esto no puede ser, y no será. Hemos fundado la comunería para establecer la verdadera libertad, sin boberías de orden y servilismo encubierto, para darle al pueblo su total soberanía, y que se hagan todas las cosas como al santo pueblo le dé la gana; para desenmascarar a tanto pillo farsante y hacer que obtengan destinos los verdaderos hombres de bien, adictos al sistema. Basta de papeles y comedias bufonas. Nosotros vamos a la verdad, a la realidad. Odio eterno, señores, entre unos y otros; queremos separación eterna, irreconciliable, de los que desterraron a nuestro querido héroe, de los que contemporizan con la Corte y la Santa Alianza, de los que disuelven el ejército libertador, de los que persiguen a las sociedades patrióticas de La Fontana y La Cruz de Malta, de los que hacen la mamola a los obispos y al Papa, de los que ponen dificultades a la organización de la Milicia Nacional; separación eterna de los que en una mano tienen el libro de la Constitución y en otra el cetro de hierro del Rey neto. Éste es el Orden de Padilla; ésta es la Confederación de Padilla, que hará en España la revolución verdadera, que establecerá el sistema constitucional en toda su pureza y pondrá fin al reinado de los pillos e hipócritas. El Orden de Padilla derribará el infame Ministerio de las páginas y de los hilos antes de ocho días, señores; óiganlo bien, antes de ocho días.
Nadie contestó en los primeros momentos. Cicerón meditaba apoyando su sien en el dedo índice. Canencia sonreía. Monsalud, indiferente a la perorata, se levantó para retirarse.
—¡Gran suerte será para nosotros —dijo al fin Campos—, que el señor Regato nos perdone la vida!
—Yo no amenazo. Al contrario, invito a todos los buenos amigos a que se vengan conmigo.
—Es muy cómodo eso —indicó Cicerón—. Vivir con la Masonería, cobrar 800 reales por calaveras, remiendos echados al sol y aguardiente dado a la policía, y marcharse después con los comuneros para hacernos la guerra.
—No pueden ustedes acusarme de interesado —dijo Regato, levantándose también para marcharse—. La Comunería es pobre; no da destinos.
—Pero los dará tal vez dentro de ocho días. Ya se puede esperar.

Benito Pérez Galdós
El Grande Oriente
Episodios nacionales: Serie II - 04

El gran friso narrativo de los Episodios Nacionales sirvió de vehículo a Benito Pérez Galdós (1843-1920) para recrear en él la totalidad de la compleja vida de los españoles guerras, política, vida cotidiana, reacciones popularesa lo largo del agitado siglo XIX.
EL GRANDE ORIENTE recoge, en su título, el nombre de una activa sociedad secreta que intervino poderosamente en los acontecimientos que agitaron la vida política española en el «trienio constitucional» que fue de 1820 a 1823. En este periodo, dominado por una agitación política y social en la que siguieron encontrando caldo de cultivo los vicios ancestrales de la sociedad española, Salvador Monsalud continúa desgranando su azarosa trayectoria civil y sentimental.

Recuerdos de las ferias barrocas en Valdemoro

REcreando las ferias del siglo XVII en Valdemoro

05 noviembre 2026

5 de noviembre

DIARIO DE MINA HARKER. 

5 de noviembre, por la mañana. Quiero anotar con fidelidad todos los detalles porque, aunque juntos hayamos visto cosas espantosas e increíbles, tal vez pueda llegar a pensar que estoy loco, que los muchos horrores y la prolongada tensión han acabado por desquiciarme del todo.
Mina está aún dormida. No logré despertarla ni siquiera para comer. Empiezo a temer que el fatal sortilegio del lugar la mantenga encantada, contaminada como está con la sangre del vampiro. Mientras avanzábamos me dormí a mi vez. Al despertar, avergonzado de mi debilidad, hallé a Mina durmiendo todavía y el sol en el horizonte. Desperté a la pobre muchacha y traté de hipnotizarla. Inútil: era demasiado tarde. Desenganché los caballos y encendí un fuego. Preparé la comida, pero Mina se negó a comer, asegurando que no tenía apetito. No insistí, sabiendo que era inútil. Después, temiendo lo que puede suceder, tracé un círculo a nuestro alrededor y dispuse sobre el mismo varios trozos de hostia, distribuyéndola de forma que nos preservase por todas partes. Mina permaneció sentada, pálida como una muerta, casi lívida. No pronunció una sola palabra. Cuando me acerqué a ella, se asió del brazo. La pobre temblaba de pies a cabeza, de una forma que me dio pena.
Se mostraba muy inquieta.
—¿No quiere aproximarse al fuego? —le pregunté.
Se levantó obediente, pero al dar un paso se detuvo como herida por el rayo.
—¿Por qué se para? —la interrogué.
Sacudiendo la cabeza, volvió sobre sus pasos y se sentó en su sitio.
—¡No puedo! —repuso luego, como despertando de un sueño.
Me alegré, pues así comprobé que tampoco aquellos que tememos podrán acercarse a nosotros. ¡Aunque el cuerpo de Mina corra peligro, su alma aún está a salvo!

Bram Stoker
Drácula
Penguin Clásicos

Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje plagado de ominosas señales, Harker es recogido en el paso de Borgo por un siniestro carruaje que lo llevará, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.
La presente edición incluye una detallada cronología y el prefacio del reputado catedrático y crítico Christopher Frayling, donde se analiza la figura de Stoker y las circunstancias que propiciaron la creación de Drácula. Asimismo, la perspicaz introducción a cargo del especialista Maurice Hindle reflexiona sobre los aspectos más polémicos en torno al origen del prototipo vampírico.

Recuerdos de las ferias barrocas en Valdemoro

Hoy se celebra la Feria Barroca en Valdemoro

04 noviembre 2026

4 de noviembre

 «… La tarde del 10 de octubre y la del 23 de octubre, en vez de volver al domicilio después del trabajo tomó una dirección nueva y fue a un edificio religioso casi a las afueras de la ciudad, de acceso y retirada muy fáciles en coche, con calles laterales anchas. Visita de tres horas, no se sabe si en relación con las investigaciones que se trae entre manos. Cambia de acera con frecuencia. Se para en los escaparates y se vuelve muy rápido. Come todos los días entre dos y media y tres y media en la cafetería Monterrey, siempre en la misma mesa individual: controla por la ventana la plaza y está de frente a la única puerta de entrada al comedor, al final de una escalera que sube desde la planta baja de la cafetería. Ya no toma alcohol y no fuma. En cada comida se toma varias cocacolas. Luz del salón del domicilio encendida hasta las doce de la noche. No sale a cenar. Compra los viernes en un supermercado del barrio, SuperDani-4, con barras de control a la entrada y salida y parte trasera con acceso a almacén y muelle de carga y descarga. A la una apaga la luz del dormitorio. Algunas noches se vuelve a encender horas más tarde. No sale por las noches, a no ser por cosas del trabajo. El 15 de octubre lo recogió un coche de la policía sin señales de identificación a las 12.45 de la noche. El número de su teléfono no viene en la guía. Cuando no está trabajando pasa solo la mayor parte del tiempo. No recibe visitas. Hace todos los días lo mismo, pero nunca lo hace de la misma manera. En la cafetería del Monterrey, el 4 de noviembre a las 10.15 de la mañana se le acercan mientras desayuna un periodista y un fotógrafo de los pocos que todavía esperan alguna novedad en el caso de la niña. Los saluda muy serio, mira con desconfianza a la cámara. No deja que le hagan fotos. El fotógrafo y el periodista le quieren pagar el café, pero él se niega, les dice adiós y se va. A los otros les falta tiempo para hablar mal de él, no hace falta acercarse mucho para oír lo que dicen. Si me llega a tirar aquella vez la cámara le pongo una denuncia, dice el fotógrafo. Comentario del periodista, a comprobar bien, por si interesa dar salida a la historia: “Me han contado que este cabrón empezó de social en la universidad, cuando Franco, denunciando gente”».


Antonio Muñoz Molina
Plenilunio

En una noche de luna llena una niña es sexualmente agredida y asesinada. La búsqueda obsesiva del criminal, conducirá a un inspector de policía a encontrarse a sí mismo. Una corriente imparable le enfrentará a dilemas morales como el adulterio o la justicia vengativa, al deseo, reprimido durante años, de recuperar el tiempo perdido.

Calles de Madrid: Serrano. 2015

Calles de Madrid: Serrano. 2015

03 noviembre 2026

3 de noviembre

El 3 de noviembre de 1918, la jornada histórica de Trieste, realmente había de resultar bien poco idónea para burlas.
A las ocho de la tarde Mario, a instancias del hermano que tras haber oído contar del desembarco de los italianos quedaba en cama ansioso de saber más noticias, se acercó hasta el café a tomar aquel mejunje endulzado con sacarina que los triestinos se habían habituado a considerar café.
De entre sus conocidos solo encontró allí a Gaia que, sentado en un diván, descansaba del par de horas que había pasado de pie. Sintiéndolo mucho por él, hay que decir que Gaia era la viva imagen del espíritu del mal. No que por ello fuera feo. A los cincuenta y cinco años su cabellera era de un blanco reluciente que reflejaba la luz con destellos como de metal, mientras el mostacho que le tapaba los labios finos seguía siendo oscuro.
Enjuto y nada corpulento, habría dado la impresión de ser ágil si no fuera porque iba algo encorvado y porque su cuerpo menudo soportaba el peso de una barriguita que destacaba prominente y fuera de proporción, más baja que la que típicamente provoca en los hombres la falta de actividad, o simplemente el buen apetito: una barriga de esas que los alemanes —que de esto entienden— achacan a la acción de la cerveza. Sus ojillos negros ardían de alegre malicia y presunción. Tenía la voz ronca propia del bebedor y a veces la forzaba para gritar, pues se regía por la regla de que es preciso hablar algo más alto que el interlocutor. Cojeaba, como Mefistófeles, aunque a diferencia de aquel no siempre de la misma pierna, porque el reúma lo atacaba unas veces por la derecha y otras veces por la izquierda.
Mario, a pesar de ser mayor que él y de tener todo el pelo blanco —como es de rigor en las personas serias a su edad— en su rostro lozano, tranquilo y sereno, se percibía que era claramente rubio.
Gaia hablaba, excitándose, de los diversos episodios que había presenciado desde el mediodía. Hacía retórica, pues era llegado el momento de inflar su patriotismo, que hasta que no llegaron los italianos no había sido grande. Él sabía inflarlo todo, dispuesto siempre a exaltarse por cualquier cosa que fuese, con tal que fuese del agrado de quienes eran clientes suyos o podían pasar a serlo.
Oídas desde lejos, hoy las palabras que dijo Mario podrían tacharse de retóricas. Pero es preciso recordar que en aquella jornada hasta las palabras —particularmente en boca de a quienes no había tocado en suerte actuar— tenían obligación de ser altas y heroicas. Mario trató de afinar su ingenio para estar a la altura de la situación y, como es natural, se acordó de que él era un literato. Se despertó lo más refinado de su naturaleza, deseosa de proyectarse hacia la historia. Dijo, literalmente: «Quisiera ser capaz de describir lo que hoy siento». Y tras una ligera vacilación: «Haría falta una pluma de oro para inscribir las palabras sobre un pergamino miniado».

Italo Svevo
Vino generoso y otros relatos

En los relatos de Italo Svevo están condensados los temas y obsesiones de toda su obra. Los problemas eternos como la soledad, la culpa, lo que se espera de la vida y el fracaso al que se llega están tratados con un sentido del humor agridulce y una distancia irónica que hace de sus personajes los antihéroes más próximos de la literatura. Hoy, Svevo es considerado el padre de la novela moderna italiana y, junto con Kafka, Proust, Joyce o Roth, uno de los grandes escritores del siglo XX. 

Ontígola. Toledo. 2015

Ontígola. Toledo. 2015

02 noviembre 2026

2 de noviembre

 En lo fundamental, un virus no es más que un programa, escrito en el lenguaje del DNA, que es muy parecido a un lenguaje de ordenador, hasta el punto de estar escrito en un código digital. Como un virus informático, el virus biológico simplemente dice: «Cópiame y disemíname por doquier». Como en el caso de los ordenadores, no estamos sugiriendo que el DNA de un virus desee ser copiado. Lo que ocurre es que, de todas las maneras en las que el DNA podría disponerse, sólo las ordenaciones que emiten las instrucciones «Disemíname» son diseminadas. Sin quererlo, el mundo se llena de tales programas. De nuevo, como los virus informáticos, están aquí porque están aquí porque están aquí. Si no incorporaran instrucciones que aseguraran su existencia, no existirían. La única diferencia importante entre ambos tipos de virus es que los virus informáticos son producto de los esfuerzos creativos de seres humanos traviesos o malévolos, mientras que los virus biológicos evolucionan por mutación y selección natural. Si un virus biológico tiene efectos perniciosos tales como provocar estornudos o la muerte, se trata de efectos secundarios o síntomas de sus métodos de propagación. A veces los efectos negativos de los virus informáticos son de este tipo. El famoso Internet Worm [Gusano de Internet], que se extendió por las redes estadounidenses el 2 de noviembre de 1988, tuvo efectos negativos no deliberados que fueron todos efectos secundarios (un gusano informático es técnicamente distinto de un virus informático, pero eso no tiene por qué preocuparnos aquí). Las copias del programa enajenaron capacidad de memoria y tiempo de proceso, e hicieron que alrededor de 6000 ordenadores se bloquearan. Los virus informáticos, como hemos visto, tienen a veces efectos negativos que no son subproductos o síntomas necesarios, sino manifestaciones gratuitas de pura malicia. Lejos de ayudar a la difusión del parásito, lo único que hacen estos efectos maliciosos es retardarla. Los virus reales no harían nada tan antropocéntrico a menos que fuesen diseñados en un laboratorio de guerra biológica. Los virus que han evolucionado de forma natural no se apartan de su camino para matarnos o hacernos sufrir. El que suframos o no les trae sin cuidado. Nuestro sufrimiento, cuando existe, es un subproducto de sus actividades de autodiseminación.

Richard Dawkins
Escalando el monte improbable
Metatemas

Nos encontramos aquí en los altos y al parecer inabordables riscos de un supuesto monte, el Monte Improbable. Sus cimas representan, para Richard Dawkins, la combinación de perfección e improbabilidad que cualquiera puede encontrar en los seres vivos. Desde la conjunción de fuerza y sensibilidad de la trompa de un elefante hasta el camuflaje vital de una hormiga escarabajo, el mundo viviente está poblado de criaturas que parecen milagrosamente «diseñadas» para la vida que llevan, criaturas todas ellas que parecen haber alcanzado su punto óptimo, la cúspide imposible.
Gracias a Dawkins comprobamos que estos complejos y brillantes rasgos no se han conseguido por casualidad —lo que equivaldría a escalar con un simple salto la cara escarpada, cortada a pico, de la montaña—, sino por una evolución acumulativa y gradual —que representa la pausada y larga senda que asciende a la cumbre—, infinitamente lenta para los parámetros de la historia humana. Para ello, Dawkins conduce al lector a través de los espectaculares paisajes montañosos del mundo natural y nos invita a visitar, por ejemplo, el fascinante mundo de las telas de araña o a contemplar los higos como si fueran un jardín para una concurridísima colonia de insectos.
Ya en sus libros anteriores, Richard Dawkins ha revelado la gloriosa variedad y la unidad que subyace en la vida sobre la Tierra. En Escalando el Monte Improbable contagia al lector su pasión por la interminable variedad y adaptabilidad de los genes y sus asombrosas consecuencias, ofreciéndonos una atractiva y erudita descripción de muy variados fenómenos biológicos para los que propone explicaciones sencillas.