13 marzo 2022
12 marzo 2022
Sobre el cuco - en la misma dirección resonaron las notas del canto de un cuco, especial de aquellas islas.
En una de aquellas
requisas notó una cosa que le preocupó. Iba a volverse al campamento, cuando
oyó volar y chillar entre la espesura a varios pájaros, entre ellos algunos de
los llamados tamo, que remontaron el vuelo.
Otro cualquiera no
hubiese hecho caso de ello; pero el malabar se alarmó. Aquellos volátiles, que
no son de la familia de los nocturnos, debían de haberse asustado de algo
cuando en la mitad de la noche abandonaron sus nidos.
—Puede haber sido
algún animal el que los ha obligado a huir, o quizás una serpiente-murmuró;
—pero también puede serla presencia de un hombre.
Se replegó
prudentemente hacia el campamento, que, como hemos dicho, estaba en una gran
espesura de plátanos silvestres, y se puso a escuchar.
Trascurrieron
algunos minutos, y en la misma dirección resonaron las notas del canto de un cuco, especial de aquellas
islas.
—¡Cantar de noche!
—murmuró el malabar—. Esto no es natural. ¡También ése se ha asustado!
Se inclinó sobre
Will, y le despertó sacudiéndole con fuerza.
—¡Preparémonos para
irnos, señor! —le dijo—. ¡Ya volveremos después para completar nuestras
provisiones!
—¿Qué, nos amenaza
algo? —preguntó el contramaestre.
—Tengo la seguridad
de que los isleños han descubierto nuestro campamento, y la prudencia aconseja
que nos embarquemos. El Nizam puede aparecer de un momento a otro, y los
isleños comunicarían a su comandante la presencia de un hombre blanco en estas
costas.
—¡Despierta a
todos!
Emilio Salgari
La Perla Roja
11 marzo 2022
Sobre el cuco - Cuando volvieron a alejarse, el mosquito, el cuco y los cañones retomaron su trío.
Desde Bar-Le-Duc
nos dirigimos hacia el noreste y, a medida que vamos adentrándonos en el bosque
de Commercy, empezamos a escuchar de nuevo la Voz del Frente. Aquél era el día
más cálido y sosegado de mayo, y, en el claro en que nos detuvimos para
almorzar, el familiar sonido de los cañones se apoderó del silencio del
mediodía con un estruendo descomunal. En los intervalos entre explosión y
explosión no se oía nada, con la única excepción del zumbido de los mosquitos
que volaban bajo la húmeda luz del sol, y de la llamada del cuco, como de dríade, que
nos llegaba desde profundidades más frondosas. Vimos, al final del sendero, cómo
pasaban unos soldados de caballería con sus ropas de un ya muy raído azul, y
los flancos de sus caballos brillantes como castañas maduras. Se detuvieron a
charlar y aceptaron unos cigarrillos. Cuando volvieron a alejarse, el mosquito,
el cuco y
los cañones retomaron su trío.
Edith Wharton
De Dunkerque a Belfort
Francia combatiente
10 marzo 2022
Sobre el cuco - uno no sabe si maravillarse más por la perfección de los instintos del cuco, o por la falta de tales instintos por parte de sus anfitriones
No es menor el estupor ante el comportamiento del cuco que, a la luz de nuestra moral humana, nos parece dotado de una astucia perversa. En lugar de construir un nido, la hembra pone un huevo en el nido de un pájaro más pequeño; a menudo (no siempre) la pareja propietaria del nido no se percata de la intrusión, incuba el huevo extraño junto a los propios y el pequeño cuco sale del cascarón. Recién nacido, todavía implume y ciego, posee ya una sensibilidad y una intolerancia específicas: no soporta otros huevos a su alrededor. Se revuelve, se esfuerza, empuja, hasta arrojar al suelo todos los huevos de sus hermanos putativos.
Sus dos «padres» lo alimentarán afanosamente durante días y días, hasta que el pollito sea sensiblemente más grande que ellos. Parece una historia sacada de un mal folletín, y uno no sabe si maravillarse más por la perfección de los instintos del cuco, o por la falta de tales instintos por parte de sus anfitriones involuntarios: pero hasta en los juegos de la naturaleza tiene que haber un ganador y un perdedor. Resumiendo, los pájaros, al igual que otros animales, no saben hacer todas las cosas que hacemos nosotros, pero saben hacer otras que nosotros no sabemos hacer, o al menos no igual de bien, o solamente con la ayuda de instrumentos.
Primo Levi
El oficio ajeno
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