27 julio 2022
26 julio 2022
De Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana la primera serranilla
I
Serranillas de Moncayo,
Dios vos dé buen año entero,
pues de muy torpe lacayo
faríades caballero.
II
5Ya se pasaba el verano,
al tiempo que uno se apaña,
con la ropa a la tajaña,
encima de Vozmediano;
vi serrana sin argayo
10andar al pie del otero
más clara que sale en Mayo
el alba ni su lucero.
III
Díjele: Dios nos mantenga,
serrana de buen donaire.
15Respondió como en desgaire:
¡Ay!, que en hora buena venga
aquel que para San Payo
desta irá mi prisionero.
Y vino a mí, como un rayo,
20diciendo: Preso, montero.
IV
Díjele: Non me matedes,
serrana, sin ser oído;
pues yo no soy del partido
de esos por quien vos lo avedes,
25aunque me vedes tal sayo,
en Agreda soy frontero
y no me llaman Pelayo,
aunque me vedes señero.
V
Desque oyó lo que decía
30dijo: Perdonad, amigo;
mas folgad ora conmigo,
y dejad la montería.
A este zurrón que trayo
quered ser mi parcionero,
35pues me falleció Mingayo,
que era conmigo ovejero.
FINIDA
Entre Torellas y el Payo
pasaremos el Febrero.
Díjele: De tal ensayo,
40serrana, soy placentero.
Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana
Serranillas, canciones y decires
25 julio 2022
De Cunqueiro. Las historias gallegas
24 julio 2022
La hierba del verano
23 julio 2022
De Matsuo Bashō
Son parecidos
el lirio y su reflejo
sobre las aguas.
Matsuo Bashō
Primeros poemas
(1662-1674)
22 julio 2022
De Pierre Louÿs en Las canciones de Bilitis: El río del bosque
EL RÍO DEL BOSQUE
Me he bañado sola en el río del bosque Y seguramente asusté a las náyades porque apenas podía adivinarlas, muy lejos, bajo las aguas oscuras.
Las llamé. Para parecerme a ellas trencé tras de mi nuca lirios negros como mis cabellos con racimos de amarillos alhelíes.
Con una larga hierba acuática me hice un cinturón verde, y para vérmelo agachando la cabeza aplastaba mis senos.
Volví a llamarlas: «¡Náyades! ¡Náyades! ¡Sed buenas, jugad conmigo!». Pero las náyades son transparentes y pudiera ser que sin saberlo hubiera acariciado sus leves brazos.
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Tañe el abad a maitines, mucha prisa que se dan. Mío Cid y su mujer para la iglesia se van. Echóse doña Jimena en las gradas del altar y a ...




