03 abril 2022
02 abril 2022
Sobre el cuco - (Es otra clase de cuco el que aquí se menciona) - ¿Usted no ha conocido al Cuco?
—Satur, dile al chófer que pare, que mi nieta tiene que hacer una necesidad.
El chófer paraba el autobús y abuela y nieta se iban a hacer sus necesidades. Se oía la voz del conductor que bromeaba:
—Abuela, en vez de ponerse tras el coche se debían poner ustedes delante; igual me daba por ponerlo en marcha y tenía que salir usted corriendo.
Se reían todos. La vieja se sentaba en su sitio comentando:
—Este Obdulio es más malo que la sarna, ¡qué cosas tiene! María se reía de las cosas que se decían en el coche. El campesino le aclaraba:
—Es que todos los que vamos aquí nos conocemos. Aquí viaja uno como en familia. Ya verá usted si en el próximo pueblo monta un amigo mío de mi oficio, que es más guasón que el Cuco. ¿Usted no ha conocido al Cuco? ¿No? Pues diga usted que no ha conocido a nadie. ¿Y ni siquiera le ha oído usted nombrar? Pero, hija mía, ¿en qué mundo vive usted? Pues el Cuco es el molinero del molino que nosotros llamamos de los ratones, porque siempre nos da la harina mermada y le echa la culpa a los ratones. Pues el Cuco, como le iba diciendo, es alguien muy importante. Tan importante que dicen que una vez se fue a Madrid y lo recibió el rey. El tío se lo había apostado con unos amigos a que el rey le recibía y no sabemos cómo se las arregló, pero le recibió. Los amigos no se lo querían creer, pero él les enseñó un trozo de periódico donde venía con su nombre y apellido y el mote. Sí, señorita, al Cuco lo recibió el rey. Es algo muy grande ese Cuco, lo que pasa es que ya está viejo y no parece que tenga muchas ganas de broma. Dice que se va a morir y que ya no le divierte tanto la cosa como cuando era joven y tenía la vida entera por delante. Si le oye un filósofo, seguro que se asombra con sus dichos.
Ignacio Aldecoa
El fulgor y la sangre
01 abril 2022
Sobre el cuco - Adonde el cuco silba entre los olmos,
VEREDA DEL CUCO
Cuántas veces has ido en otro tiempo
Camino de esta fuente,
Buscando por la senda oscura
Adonde mana el agua,
Para quedar inmóvil en su orilla,
Mirando con asombro mudo
Cómo allá, entre la hondura,
Con gesto semejante aunque remoto,
Surgía otra apariencia
De encanto ineludible,
Propicia y enemiga,
Y tú la contemplabas,
Como aquel que contempla
Revelarse el destino
Sobre la arena en signos inconstantes.
Un desear atávico te atrajo
Aquí, madura la mañana,
Niño, ya no, ni hombre todavía,
Con nostalgia y pereza
De la primera edad lenta en huirnos;
E indeciso tu paso se detuvo,
Distante la corriente,
Mas su rumor cercano,
Hablando ensimismada,
Pasando reticente,
Mientras por esa pausa tímida aprendías
A conocer tu sed aún inexperta,
31 marzo 2022
Sobre el cuco - el cuco cantaba desde la sombra invisible
Nada te pedí; ni siquiera te dije mi nombre al oído. Y
cuando te despediste, me quedé silenciosa.
Yo estaba sola junto al pozo, donde caía la sombra
oblicua del árbol. Las mujeres se volvían a sus casas con sus cántaros morenos
de barro rebosantes, y me gritaron: «¡Vente, que va a ser mediodía!» Pero yo me
retardaba lánguidamente, perdida en vanos pensamientos.
No oí tus pasos cuando venías. Cuando me miraste, tenías
tristes los ojos; y con qué fatigada voz me dijiste bajo: «Ay, ¡qué sed tiene
el pobre caminante!» Desperté sobresaltada de mis ensueños, y eché agua de mi
cántaro en tus palmas juntas… Las hojas se rozaban sobre nuestras cabezas, el
cuco cantaba desde la sombra invisible, y de la revuelta del camino venía el
perfume de las flores del babla.
Cuando me preguntaste mi nombre, ¡me dio una vergüenza!
Verdaderamente, ¿qué había yo hecho para merecer tu recuerdo? Pero el recordar
que yo pudiera quitarte tu sed con mi agua se me ha quedado cogido al corazón,
y lo envolverá para siempre de su dulzura.
Ya pasó la mañana, el pájaro canta monótono, las hojas
del nima murmuran más arriba. Y yo, sentada, pienso, pienso…
Rabindranath Tagore
La luna nueva / El jardinero / Ofrenda lírica
30 marzo 2022
Sobre el cuco - El cuco parece fuera de sí. Es difícil comprender por qué ha de seguir cantando tan incansablemente.
BOLPUR.
31 de Mayo de 1892.
Aún no son las cinco, pero la luz ha amanecido, hay una brisa deliciosa, y todos los pájaros, despiertos en el jardín, han empezado a cantar. El cuco parece fuera de sí. Es difícil comprender por qué ha de seguir cantando tan incansablemente. Seguramente no es para distraernos ni para volver loco al enamorado que muere de amor; ha de tener algún propósito personal propio. Pero, desdichadamente, ese propósito no parece realizarse nunca. Sin embargo, no se desanima y su Cu-Cu continúa, de vez en cuando, con un trino ultrafervoroso. ¿Qué puede significar?
Luego, en la distancia, hay algún otro pájaro con sólo un débil chut-chut que no tiene ni energía ni entusiasmo, como si toda esperanza se hubiera perdido; sin embargo, desde dentro de algún rincón sombreado, no puede resistir el proferir este pequeño lamento: chut-chut-chut.
¡Qué poco sabemos, en realidad, de los asuntos domésticos de estos inocentes seres alados, con sus cuellos y pechos suaves y sus plumas multicolores! ¿Pero cuál es el motivo que los hace cantar tan persistentemente?
Rabindranath Tagore
Entrevisiones de Bengala - Poemas de Kabir
29 marzo 2022
Sobre el cuco - a voz del cuco por la noche, cosas naturales e inocentes
Hay madres que dicen: «No consigo entender qué gusto puede haber en contar a los niños historias de fantasmas; luego se asustan y de noche se ponen a gritar porque han oído el ruido de un ratón». Y quizá las mamás tengan razón. Pero hay que considerar tres cosas: primero, que los espíritus, admitiendo que existan, jamás han hecho mal a los niños; ni siquiera han hecho daño a nadie. Son los hombres los que los quieren tener miedo; los espíritus o los fantasmas, si es que existen (y hoy día prácticamente han desaparecido de la faz de la tierra), son como el viento, la lluvia, las sombras de los árboles, la voz del cuco por la noche, cosas naturales e inocentes; y probablemente están tristes por tener que estar solitos en viejas casas melancólicas y deshabitadas; probablemente, como no los ven casi nunca, tienen miedo de los hombres, y si demostrásemos un poco más de confianza, se volverían amables o se pondrían a jugar encantados; por ejemplo, al escondite.
Dino Buzzati
La famosa invasión de Sicilia por los osos
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