28 marzo 2022
27 marzo 2022
Sobre el cuco - Un cuco empezó a llamar en un soto, con apatía, casi inquisitivamente: el sonido se hinchó como una cúpula
26 marzo 2022
Sobre el cuco - Canta ahora el primer cuco del año. Antes quería que parara
Cabrero. Ni aves
anciano como soy, salvo morir,
y eso va contra Dios y sus designios.
Que quiera el joven. ¿Qué te trae aquí?
Nunca hasta hoy nos hemos encontrado
donde mis cabras triscan en la hierba
o saltan por las piedras.
Pastor. Busco ovejas
y las dejé marchar. Pensé hacer versos,
pues el verso disipa la aflicción
y hace que la luz vuelva a ser dulce,
mas, puesto cada verso en su lugar,
el suyo abandonaron las ovejas.
Cabrero. De sobra sé lo que apartara
Pastor. Aquel que era el mejor en todo juego
el más cortés con la vejez morosa
y la rápida juventud, ha muerto.
Cabrero. El mozo que me trae la empanada
Pastor. Apartó el cayado
Cabrero. A menudo tocaba el caramillo
lo que sonaba, un júbilo de piedra,
en sus dedos.
Pastor. Lo supe por su madre,
Cabrero. ¿Cómo aguanta su pena? No hay pastor
recordando favores. ¿Cómo puedo,
yo que sin cabras aún ni pastizales
nueva acogida y viejas enseñanzas
recibí ante su fuego hasta esfumarse
las frías ráfagas, sino hablar de ella
antes que sus retoños y su esposa?
Pastor. Se mueve por la casa, erguida y calma,
o bien se asoma al prado o al pastizal
y ve a sus jornaleros, cual si aún
siguiera entre los vivos su querido,
mas por su nieto ahora; nada cambia
salvo aquello que he visto por su rostro
observando los juegos de pastores
en la siega, sin su hijo.
Cabrero. Canta tú.
mas el joven ansía destacarse,
y hasta entonces no espera ni hace nada.
Mas los viejos cabreros y sus cabras,
si en todo lo demás les aventaja
el joven, son maestros de la espera.
25 marzo 2022
Sobre el cuco - Había muchos árboles en flor, gran silencio, cantaban los cucos y los cuervos volaban por el aire
Por
la noche los alambres del teléfono producían un sonido como si estuvieran
murmurando. No era el viento, según dijo Golowin, sino los cambios de
temperatura los que originaban este ruido.
Al
levantarse, Laura vio el campo verde con grupos de árboles. En el fondo, el
Jura, una línea de montes suaves, azulados. Le recordaron el Guadarrama. Había
muchos árboles en flor, gran silencio, cantaban los cucos
y los cuervos volaban por el aire.
De
la ventana se veían pasar con frecuencia los aviones. Los cuervos en el campo
seguían el arado del labrador, a comer los insectos que se descubrían al
remover la tierra.
A
pocos pasos jugueteaban las urracas.
Natalia
quiso que su alcoba estuviese cerca de la de su mamá, como llamaba a Laura, y
pidió que se le trasladara a un cuarto próximo. Las dos habitaciones daban a la
biblioteca. Esta era una sala cuadrada, baja de techo, con una gran ventana de
guillotina, llena de armarios con libros y una porción de estampas, cuadros,
arcas antiguas y un globo terráqueo de más de un metro de diámetro, publicado por
una casa editora de Berlín.
En
esta habitación se disfrutaba de una calma y de una tranquilidad
extraordinarias.
Natalia
era absorbente y atrevida. Entraba en el cuarto de Laura y la abrazaba y la
besaba. Después salía a la terraza seguida de Troll y se marchaba por el campo
cantando, y volvía al poco rato. Era turbulenta y muy difícil de vigilar. Era
verano y paseaban al anochecer y algunas veces a la luz de la luna por los
alrededores.
Laura o la soledad sin remedio
24 marzo 2022
Sobre el cuco - desde los árboles del bosque, llegaba el canto apagado y repetitivo del cuco
El libro y la hermandad
23 marzo 2022
Sobre el cuco . Se escuchaban los espantosos trinos de unos pájaros desconocidos y, desde el bosque, llegaba el canto intermitente del cuco
Después de comerse casi todos los sándwiches de pepino, se había sentido milagrosamente mejor, todo rastro de borrachera se había esfumado al mismo tiempo que crecía dentro de él un frenético deseo de bailar. Deambuló no en busca de Tamar (se había olvidado de ella) sino de alguna chica cuya pareja se hubiera desmayado y yaciera debajo de algún seto presa de un sopor etílico. Sin embargo, las chicas, aunque estuvieran en un estado lamentable o borrachas como cubas, seguían llevando a sus parejas a remolque. El amanecer se abría paso; la tenue luz que no se había apagado del todo durante la noche volvía a ser la fuerte luz del día. Se escuchaban los espantosos trinos de unos pájaros desconocidos y, desde el bosque, llegaba el canto intermitente del cuco. En su intento desesperado de que la noche no acabara nunca, Gull fue a parar a la carpa del grupo pop, donde, pese a que la luz comenzaba a atravesar la lona, seguía reinando la oscuridad salpicada de luces parpadeantes y el ruido. El grupo ya se había ido y era un equipo de sonido el que reproducía sus canciones. Las cabriolas, más parecidas a acrobacias que a un simple baile, habían llegado a su fase más salvaje. Una suerte de desesperación se adueñó de los jóvenes cuando olfatearon el aire matutino. Los chicos se habían librado de sus chaquetas; algunos también de sus camisas. Las chicas se habían remangado los vestidos y bajado un poco las cremalleras. Tras la formalidad previa, el nuevo «atuendo» parecía de una elegancia desenfadada. Mirándose entre sí, con los ojos desorbitados y las bocas abiertas, las parejas brincaban, se agachaban, giraban, hacían muecas, meneaban los brazos, las piernas, componiendo una imagen, pensó Gulliver, más propia del Inferno de Dante que de una juventud despreocupada presa del gozo primaveral.
—¡Hola, Gull! ¡Baila conmigo! ¡Llevo bailando sola una hora por lo menos!
Era Lily Boyne.
Sus frágiles brazos lo apresaron, le rodearon la cintura, y juntos se sumergieron girando y revoloteando en el torbellino ensordecedor.
Gulliver había escuchado comentarios sobre Lily de boca de «los otros», pero ella nunca había despertado su interés, salvo, fugazmente, la vez en que oyó a alguien decir que era una cocotte.
El libro y la hermandad
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Tañe el abad a maitines, mucha prisa que se dan. Mío Cid y su mujer para la iglesia se van. Echóse doña Jimena en las gradas del altar y a ...





