22 abril 2025
21 abril 2025
20 abril 2025
Un cuento gótico de Copilot IA-AI
En el umbral del ocaso, mientras la ciudad de Nínive
languidecía bajo la amenaza de la profecía de Jonás, un aura inquietante se
cernía sobre las murallas del antiguo enclave. Las sombras caían como
presagios, y la luna, encendida como una lámpara cruel, iluminaba el espeso
aire cargado de voces de advertencia y susurros apagados. Las calles desiertas,
donde los adoquines, desgastados por la angustia de incontables pasos,
contenían historias insondables, se estremecían bajo una fuerza invisible.
En una de esas noches en que el tiempo parecía
detenerse, Rahab, una mujer joven y atormentada por un pasado que desconocía,
caminaba por un estrecho pasadizo que la llevaba más allá de los límites de la
ciudad. Su vestido gris se confundía con la penumbra, y sus manos apretaban un
medallón, único legado de su difunta madre, quien había muerto susurrando
palabras que Rahab jamás logró descifrar.
El medallón, grabado con figuras serpenteantes y
leoninas, recordaba inquietantemente a las criaturas que adornaban las paredes
del templo, imágenes que se asemejaban mucho a los horrores plasmados en el
Beato. Rahab había sentido durante toda su vida que algo la conectaba con esas
ilustraciones, como si fueran un espejo de su alma inquieta.
Aquella noche, algo diferente la impulsaba a caminar
hacia las colinas fuera de Nínive. Allí, bajo el cielo estrellado, encontraba
un ruinoso santuario que los habitantes habían evitado durante generaciones. El
lugar, cubierto de maleza y sellado con leyendas de maldiciones y espectros,
parecía llamarla con un susurro mudo. La entrada era una arcada de piedra
adornada con símbolos que coincidían extrañamente con los grabados de su
medallón.
Dentro del santuario, el aire era aún más denso, como
si el tiempo se hubiera acumulado en una espiral infinita. Los muros,
recubiertos de frescos desgastados, narraban historias olvidadas. Entre estas,
una destacaba: una batalla apocalíptica entre un profeta y criaturas deformes
que se asemejaban a los seres del medallón. Rahab sentía que las imágenes la
observaban con una intensidad que traspasaba lo humano.
A medida que se adentraba más, encontró una
inscripción tallada en el suelo. El texto, en lengua antigua, hablaba de la
"Liberación de la Furia", una leyenda sobre una criatura serpiente y
leonina que había sido sellada por un profeta para evitar la perdición de
Nínive. Rahab sintió un escalofrío cuando comprendió que el medallón encajaba
perfectamente en una oquedad situada en el centro de la inscripción.
La ciudad de Nínive, ajena a los actos de Rahab,
comenzaba a ser azotada por tormentas. El cielo se teñía de rojo, y las
visiones de los habitantes se llenaban de criaturas que emergían de las mismas
profundidades de las ilustraciones. La profecía de Jonás resonaba en cada
esquina, mientras el pueblo se sumía en el pánico y la desesperación.
Rahab, decidida, colocó el medallón en la oquedad. Una
fuerza invisible la empujó hacia atrás, y un rugido ensordecedor llenó el
santuario. Desde las sombras emergió la criatura, serpenteante y leonina, con
sus ojos como brasas y su cuerpo envuelto en oscuridad. La ciudad comenzó a
desmoronarse, como si el despertar de la criatura marcara el principio del fin.
Sin embargo, Jonás, guiado por su misión divina, llegó
al santuario. Con voz firme y palabras llenas de poder, confrontó a la criatura
mientras Rahab permanecía paralizada por el temor y la culpa. El profeta, con
una valentía que desafiaba su mortalidad, selló nuevamente a la criatura
utilizando el medallón, que ahora brillaba con una luz cegadora.
Rahab, aunque salvada, nunca volvió a ser la misma. La
ciudad, reconstruida sobre las ruinas de su pasado, vivió con el recuerdo del
día en que la profecía casi se cumplió. Las ilustraciones, ahora más vivas que
nunca, se convirtieron en testigos de una era en que el destino humano y lo
sobrenatural se cruzaron, dejando marcas imborrables en el tiempo.
Creado por Copilot IA a partir de
una imagen del Beato de Liébana
19 abril 2025
18 abril 2025
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16 abril 2025
15 abril 2025
LA SUBLIME PUERTA
LA SUBLIME PUERTA
Llevaba muerta ya seis años, cuando los Señores
Inquisidores ordenaron desenterrarla para quemar sus huesos e infamar su
memoria. Durante toda su vida había sido considerada como una alta dama, espejo
de casta limpia. Llevaba un alto apellido y estaba emparentada por vía materna,
con los Láscaris y Comnenos bizantinos, y entre sus familiares había quienes
habían muerto en defensa de Constantinopla, y en su palacio tenía una
hermosísima capilla con iconos, y cuya cúpula acababa en forma de cebolla
recubierta de oro y lapislázuli.
Sus antepasados todos, desde que se tenía
memoria, habían sido fieles grecocatólicos romanos, pero el capellán de la casa
en vida de la dama, que luego había sido arzobispo en tierras orientales,
parece que había sostenido doctrinas arriesgadas desde el punto de vista
teológico y adoptado posiciones políticas extrañas y sospechosas. Y no faltaron
tampoco rumores de que el palacio de la dama era un nido de herejía y
costumbres de una muy sofisticada depravación.
Sus señorías los Señores Inquisidores fueron
recomponiendo durante años aquella vida privada de la alta dama y su pequeña
corte y servidumbre en la cual parecía probado que había algunas personas de
origen turco, y desde la casa se escribían cartas a la Sublime Puerta, y de
allí se recibían. Y, al final de su inquisición, sus señorías encontraron
probados dos delitos sustanciales, un crimen de herejía y otro delito de
costumbres relacionado con ella.
En el primer caso, se tenían examinados y
convenientemente señalados varios libros de la biblioteca de la dama y algunas
pinturas extrañas en la misma capilla como lo era un cuadro de una imagen de
Cristo dormido ante la esfera del mundo que sigue girando como por sí mismo.
Una pintura, por cierto que parecía la expresión de lo expresado en uno de los
pliegos escritos de mano del antiguo capellán, y corregidos luego por la propia
dama, en los que aparecía la idea de que Cristo, mirando el rodar del mundo, había
quedado tan colmado de tedio, acedia y tristeza que se había quedado postrado y
amortecido, y ausente por tanto, de nuestro mundo y de nosotros mismos. O bien
era el mundo el que consideraba que se podía gobernar por sí solo, y había
pintado dormido a Cristo como quien no entendía nada de él y había quedado
anclado en su tiempo.
Y escandalosa y reprobable del todo había sido
la conducta de la dama que tenía a su servicio algunas doncellas turcas y,
sobre todo, un muchachito igualmente turco, una verdadera belleza, que tenía
libre acceso a la mayor intimidad de la dama y al que esta prodigaba tactos y
caricias que en los papeles se llamaban de «las seis sensaciones» o deliquios,
en relación con ciertas enfermedades y de los que se tenía alguna noticia en
los libros de los físicos, que los consideraban orientales refinamientos y perversiones.
Y, gracias a los cuales, los restos del cadáver mismo de la dama o, más bien
sus huesos, exhalaban un extraño y delicado aroma; y, naturalmente también se
había ordenado hacer una efigie o estatua de la condenada para ser quemada
igualmente, pero se determinó no hacerlo, porque, siendo de una extremada
belleza la estatua como lo era la pintura o retrato de los que se había copiado
la estatua, se temió que, en vez de pena y castigo de la herejía y costumbres
perversas, pareciera alabanza, ya que la hermosura entra por los sentidos e
inficiona el razonamiento. Y por ello finalmente tampoco se quemaron los
huesos, pero en especial, porque a última hora se tuvieron testimonios muy
seguros y detallados, según los cuales la dicha alta dama había muerto durante
una epidemia de peste al haber asistido con sus propias manos, y en su propio
palacio, a los apestados; y por haber descubierto también un tratado de oración
escrito por su mano, y titulado «La Sublime Puerta o Cancel de la Oración y
Práctica de la Humildad» que es de una relumbrante ortodoxia y piedad sin
igual.
El caso de la dama y el expediente donde
constaba fue así archivado y prohibida su lectura bajo las penas más graves,
salvo licencia del Señor Inquisidor General o a favor de quien él autorizase en
el futuro; de aquí que en esta escritura no se pueda afirmar nada seguro. Y no
dan más luces los papeles sobre este asunto tan oscuro y contradictorio, que ha
pasado los siglos.
LA QUERENCIA DE LOS BÚHOS
CUENTOS
JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
14 abril 2025
PRIMAVERA
Antiguamente, cuando
la luna nueva alzaba su memoria
de nuevos pastos en lejanos valles,
ellos sacrificaban un cordero
y ponían en marcha a sus rebaños.
Pero la sangre es roja
y, al alzarse la luna nuevamente,
crucificaron luego a un hombre:
abril, el viento largo, la tardía
helada, y desolación nos punzan.
Mas se lavan las manchas,
y la luna ilumina los amores
lascivos, y los otros, sonoras primaveras,
dulces de narrar como se narra el árbol
o las lilas difunden su violeta hermosura.
No recordamos nada, o sólo esos enlaces
del cuerpo, y humedad de hierba,
ardiente el sol, los senos, y los ojos.
JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
TIEMPO DE EURÍDICE
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Tañe el abad a maitines, mucha prisa que se dan. Mío Cid y su mujer para la iglesia se van. Echóse doña Jimena en las gradas del altar y a ...







