21 diciembre 2021
20 diciembre 2021
20 de diciembre
LOU ANDREAS-SALOMÉ (1861-1937), NIETZSCHE (1844-1900) y PAUL RÉE (1849-1901). Fraternidad amorosa
“Necesito a una persona joven cerca de mí, que sea suficientemente inteligente e instruida para poder trabajar conmigo. De cara a este fin aceptaría un matrimonio de dos años; pero, evidentemente, llegado el caso habría que tomar en consideración un par de condiciones más”. Nietzsche conoció a Lou en 1880 en Lucerna, Suiza, y quedó impresionado. Quiso pedirle matrimonio, confiando a Paul Rée la mediación de su propuesta. Así, los tres se transformaron en grandes amigos y rápidamente nació un proyecto de convivencia según un sueño de fraternidad ideal, pues a los dos hombres no les hubiera importado compartirla. Pero ella no quería, prefería seguir siendo la eterna amiga de Rée y Nietzsche, intelectualmente sintonizaban, pero sentía repugnancia física hacia ambos. En un borrador de carta, fechado el 20 de diciembre de 1880, Nietzsche se dirige dolido a Lou y a Rée: “No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Qué les importan a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás, he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante veinte días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo. Prometo sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella”. En 1901 Rée se suicidó justo en el lugar donde Lou le había rechazado veinte años atrás. Otro tanto ocurrió con Nietzsche, si bien el poeta-filósofo logró sublimar la atracción que sentía en una obra singular, Así habló Zarathustra.
Roser Amills
Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia
«Con mucho sentido del humor y meticulosidad, Roser Amills disecciona y clasifica las fantasías de 1.000 personajes célebres. Y el lector, permítanme el consejo, debería trascender la inicial fascinación del entomólogo y dejarse inspirar».
19 diciembre 2021
19 de diciembre
Emily Brontë, el mayor silencioso
La vida de Emily Brontë fue tan corta y callada y es ya tan remota que no muchas cosas se saben de ella, lo cual no es obstáculo para que sus compatriotas biógrafos la relaten en gruesos volúmenes por lo general muy vacuos. Aunque las hermanas Brontë son siempre tres para la historia, en realidad fueron cinco, a las que se olvida añadir con demasiada frecuencia al hermano Branwell, no por calamitoso y alcohólico menos importante en la vida de la más célebre. Las dos hermanas con las que nunca se cuenta se llamaban María y Elizabeth, y murieron aún niñas una tras otra a causa de la tuberculosis. En un episodio más bien dickensiano, fueron maltratadas por sus profesoras poco antes del desenlace, obligadas a levantarse de la cama, castigadas e insultadas estando ya enfermas. La posteridad ha hecho a Emily un extraño reproche: que, siendo la niña mimada de todo el colegio, no intercediera por las víctimas, sino que guardara silencio ante la injusticia. El reproche es particularmente antojadizo porque la autora de Cumbres borrascosas no tenía ni seis años, cinco y cuatro menos, respectivamente, que sus dos vejadas hermanas. Detrás de ellas venía Charlotte y luego Branwell, y a continuación de Emily, Anne, la más pequeña, novelistas todas las supervivientes, Branwell sólo poeta frustrado. La madre había muerto cuando Emily Brontë tenía tres años y todas se educaron con un padre de origen irlandés, no reñido con las letras ya que escribía sermones. Otros miembros menos piadosos de la familia las iniciaron en la tradición oral, con la habitual preferencia por las historias de fantasmas y demonios y duendes de los cuentistas de Irlanda. Sin duda ahí estableció contacto Emily por vez primera con lo sobrenatural, que sobrevuela desde la primera hasta la última página de su única novela.
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