07 agosto 2021
06 agosto 2021
6 de agosto
EL ERIZO Y EL ZORRO
MAHJOUBA
Iban un buen día el erizo y el zorro paseando tranquilamente y de pronto pasaron por delante de un jardín repleto de muchas, muchas clases de árboles frutales. Ninguno de los dos pudo resistir la tentación de llenarse el estómago con unas frutas tan ricas y tan dulces, así que se colaron por la verja y se pusieron a comer y a comer, hasta que, de repente, el erizo se dio cuenta de que si comía más se le iba a llenar el estómago tanto que no iba a poder salir por la verja. Entonces dejó de comer e inmediatamente avisó al zorro que hiciera lo mismo. Pero su amigo estaba disfrutando tanto que no le hizo caso, y siguió comiendo y comiendo, y sólo al sentirse muy satisfecho, decidió marcharse, pero se llevó una gran sorpresa al comprobar que realmente no podía salir. Su estómago estaba tan hinchado que resultaba imposible. Y el zorro empezó a figurarse qué le podía pasar cuando lo descubriera allí el jardinero. Así que tuvo que pedirle consejo al erizo. Y el erizo contestó:
—Lo mejor es que no te preocupes. En cuanto llegue alguien al jardín, hazte el muerto.
Y cuando al poco tiempo llegó el jardinero, el zorro se hizo el muerto, el jardinero lo agarró por el rabo y lo tiró fuera del jardín.
Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.
Alhucemas, 6 de agosto de 2002
Anónimo
Cuentos populares del Rif
Contados por mujeres cuentacuentos
En la región montañosa del Rif, al norte de Marruecos, el arte de contar cuentos de viva voz está enormemente extendido, y son las mujeres sus principales artistas, como demuestra la presente recopilación fruto de innumerables horas de grabación en la zona. Los cuentos fueron narrados por 6 mujeres de edades diferentes en la lengua materna de los rifeños y han sido traducidos respetando la literalidad de las expresiones.
05 agosto 2021
5 de agosto
Y en otra carta, del 5 de agosto de 1979, Lilienka me escribe:
«…pero dejemos eso ahora, si alguna vez nos vemos puede que te hable del estupor que me han causado tus palabras. ¿A qué aludes ahora, en la “nota sobre mí mismo” de tu libro…, cuando hablas de una madre que se suicidó “por desilusión y nostalgia”? ¿Algo no iba bien? Perdóname, estoy hurgando en la herida. En la herida de tu padre, que en paz descanse, y en especial en la tuya, e incluso en la mía. No sabes cuánto echo de menos a Fania, y sobre todo en los últimos tiempos. Me he quedado muy sola en mi pequeño y estrecho mundo. La añoro. También a otra amiga nuestra, Stefa, que dejó este mundo con dolores y sufrimientos en el año 1963… Era pediatra y su vida fue un desengaño tras otro, tal vez porque creía en los hombres. Stefa sencillamente se negaba a entender de lo que son capaces algunos hombres (por favor, no te lo tomes como algo personal). Las tres éramos muy amigas en los años treinta. Yo soy el último mohicano de todos los amigos y amigas de entonces. Intenté suicidarme dos veces, en el 71 y en el 73, pero no lo conseguí. No lo intentaré más… Aún no ha llegado el momento de hablar contigo de las cosas que atañen a tus padres…, han pasado muchos años…, no, aún no estoy preparada para expresar por escrito todo lo que quisiera. Y eso que antes sólo sabía expresarme por escrito. Tal vez nos veamos algún día, para entonces muchas cosas pueden haber cambiado… Por cierto, quiero que sepas que tu madre y yo, y otras chicas del grupo Hasho mer Hatzair de Rovno, considerábamos a la pequeña burguesía lo peor que podía haber en el mundo. Todas procedíamos de casas así. Tu madre nunca fue “de derechas”…, sólo cuando entró a formar parte de la familia Klausner simuló que era uno de ellos: en casa del “tío Yosef” estaban siempre todos los periódicos, excepto Davar. El más fanático de todos era el hermano Betzalel Elitzedek, ese hombre tan amable cuya esposa cuidó del profesor cuando éste enviudó. De todos ellos, sólo a tu abuelo Alexander, que en paz descanse, le tenía yo cariño…».
Amos Oz
Una historia de amor y oscuridad
Amor y oscuridad son dos de las fuerzas que interaccionan en este libro, una autobiografía en forma de novela, una obra literaria compleja que comprende los orígenes de la familia de Amos Oz, la historia de su infancia y juventud, primero en Jerusalén y después en el kibbutz de Hulda, la trágica existencia de sus padres, una descripción épica del Jerusalén de aquellos años, de Tel Aviv, que es su reverso, entre los años treinta y cincuenta. La narración oscila hacia delante y hacia atrás en el tiempo y refleja más de cien años de historia familiar, una saga de relaciones de amor y odio hacia Europa, que tiene como protagonistas a cuatro generaciones de soñadores, estudiosos, poetas egocéntricos, reformadores del mundo y ovejas negras. Esta amplia galería de personajes prepara un «cocktail genético» del que nacerá un hijo único que descubrirá ser escritor. Amos Oz nos entrega la historia de su infancia y adolescencia, una historia llena de aspiraciones poéticas y afán político: una novela que consigue llegar al corazón del lector.
04 agosto 2021
4 de agosto
El 4 de agosto, ya reparada la galeota y bastante leña y agua embarcadas como para satisfacer a don Álvaro —aunque el piloto principal exigía más—, se les comunicó a los altos oficiales que al día siguiente se levaría anclas; pero esto debía mantenerse secreto ante sus hombres hasta último momento. No obstante, la noticia se filtró y las tropas se lanzaron frenéticas a sus placeres finales, sin retroceder ante la violación, la sodomía y otras atrocidades, hasta que fueron convocados y confinados a bordo. Al amanecer una partida fue enviada a la cima de la colina de tres picos, para erigir allí tres cruces de madera que fueran visibles desde el mar. Debían grabar otra cruz en la corteza tierna de un árbol, junto con el año, el día y el nombre de nuestros cuatro barcos; pero don Lorenzo, a quien se le había encomendado la tarea, omitió al Santa Ysabel de la inscripción por causa del odio que experimentaba hacia el almirante.Al regresar, un tal Miguel Cierva, colonizador soltero que había perdido en el juego todo lo que poseía y estaba profundamente empeñado por una profusa emisión de pagarés, se separó subrepticiamente de la partida y nunca más se lo volvió a ver. Era herrero de oficio y hombre de cierta piedad. Su deserción parece haber sido impremeditada —porque sólo llevaba consigo su arcabuz, pólvora y una bala—, súbito acto de desesperación del que se arrepentiría noche y día a partir del momento en que se encontrara solo. A menudo me he preguntado qué habrá sido de él después de nuestra partida: si los nativos tomarían en él venganza por nuestras injurias; y en el caso de que no lo hubieran dañado, si encontraría metal para ejercer su oficio; y qué les enseñaría a los nativos; y, sobre todo, cómo se las compondría para vivir sin el consuelo de la religión.
03 agosto 2021
3 de agosto
3 de agosto
Cuando el proyecto de fuga parecía diluirse en una difusa preocupación, ha llegado el indulto y la orden de traslado. Para todos. Se ha decretado la movilización general. Parece que la guerra es inevitable. El 31 de julio cayó el fortín Boquerón en poder de una poderosa fuerza operativa del enemigo. Quiñónez nos leyó el parte del Comando, captado en Concepción. Esta vez no se trata de una simple escaramuza. Evidentemente, la irrupción boliviana cierra sus dispositivos para cortar el río Paraguay, nuestro vulnerable espinazo de agua. Si llegan a tener su control, podrán doblar en dos al país y metérselo en el bolsillo.
Nos mandan al Chaco. Allá seremos más útiles que aquí. Las previsiones del Zurdo se están cumpliendo. Pero también las de los otros. Así que las divergencias se han superado de golpe. Ya no hay discusiones políticas. Colorados, liberales y apolíticos están en paz. Guerreristas y antiguerreristas. Todos de acuerdo, eufóricos, como si realmente hubiéramos recuperado la libertad. Hasta han vuelto a dirigirme la palabra. Quiñónez nos trata de nuevo como a camaradas.
Augusto Roa Bastos
Hijo de hombre
02 agosto 2021
2 de agosto
Eran periodistas, gacetilleros, publicistas, columnistas, directores de periódicos que jamás se veían en puestos ni quioscos, reporteros, «échotiers», gente de levita, gente de trajes raídos, gente de sombrero hongo, gente de gorra, hombres de estoque en bastón, monóculo manchado de yema de huevo —supuestos especialistas en política extranjera que, de América, sólo conocían el cóndor de los Hijos del Capitán Grant, el último mohicano, La Perichole, y El Choclo, tango argentino que era el furor del día…—, quienes venían, a todas horas, «en busca de informaciones»… vagamente amenazantes, afirmando que se seguían recibiendo tremendas noticias de allá, que se sabía de una persecución desatada contra estudiantes y periodistas, de la amenaza que pesaba sobre muchos intereses europeos, y, sobre todo, sobre todo, del raro, rarísimo suicidio de Monsieur Garcin —antiguo cayenero, de acuerdo, pero francés al fin— cuyo cuerpo había sido hallado, hacía poco, colgado de una excavadora inservible, a unos kilómetros de Nueva Córdoba. Detrás de Le Petit Journal, cuya venta sufría una gran merma en esos días, se presentaba L’Excelsior, recordando insidiosamente que en sus páginas los documentos gráficos aparecían con excepcional claridad; detrás de Le Cri de Paris aparecía La Libre Parole, y, de mayores a menores, de diarios de chantaje a revistas de escándalo, llegábase a las hojas de provincia —Bajos Pirineos, Alpes Marítimos, ecos del Norte, faros de Armórica, libelos marselleses…
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