04 diciembre 2020
03 diciembre 2020
3 de diciembre
3 DE DICIEMBRE: Vivo solo, rara vez salgo de casa. Paso días enteros sin hablar. Cuando me veo obligado a decir algo, mi voz me resulta extraña, vibra como una máquina. Voy a clase únicamente cinco veces a la semana. Me siento, escucho, me voy. Vuelvo a casa. Los fines de semana, que duran cuatro días, son aún más solitarios. Entonces, si efectivamente salgo, solo es después de medianoche, a emborracharme o comprar comestibles. Trabajo muchísimo, amurallado en mi oculta condición…, la novela es una empresa abrumadora… La poesía es casi un entretenimiento. El cine, absorbente. Los estudios, algo que debe hacerse. No sé lo que me impulsa… Mi mente es más aguda, y sin embargo está más confusa. Con frecuencia tengo la impresión de que voy a morirme. Anoche escuché la Tercera sinfonía de Beethoven por primera vez en casi dos años. Se me estremecía el cuerpo, temblaba y… lloré. No lo entendía. Como si hubiera caído al vacío. Llevo una vida solipsista. Sin amigos, sin cuerpo… Después: Hoy ha pasado algo bueno. La semana pasada di a Allen una copia de los poemas que te envié. Luego me olvidé de ellos, estaba haciendo otras cosas. Y él, por lo visto, se los guardó en el bolsillo y también se olvidó. Hoy me ha llamado para decirme que anoche se llevó una sorpresa cuando se los encontró en el bolsillo. Me dijo que se quedó muy impresionado, que casi me llama a las dos de la madrugada para decírmelo. Yo me mostré bastante escéptico: no creía que fuesen tan buenos… Pero él dijo no, no, son verdaderamente buenos, y entró en detalles, diciendo que debería enviarlos a la revista Poetry porque eran dignos de publicarse. Aunque no sé si lo haré, me sentí halagado por sus comentarios. Dijo que creía que estaba haciendo verdaderos progresos. Es bueno recibir un espaldarazo así, sobre todo viniendo de él.
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29 de noviembre
Que la vida de Pessoa no tuviera aventura (infancia surafricana aparte) no quiere decir, claro, que no tuviera angustia, sueño, dolor, dirección. Sólo se le conoce un amor, con Ofélia Queirós, en dos fases de apenas unos meses separadas por diez años. Una relación en la que también entraron los heterónimos: Álvaro de Campos le escribía cartas a Ofélia advirtiéndola de que Pessoa no era de fiar. El 29 de noviembre de 1920 Pessoa le escribe en una carta a Ofélia: «El amor pasó… Mi destino pertenece a otra Ley, cuya existencia Ofélia ignora, y está subordinado cada vez más a la obediencia a maestros que ni permiten ni perdonan». Ofélia acabaría casándose con un teatrero y Pessoa habitaría cada vez más en el mundo paralelo de sus heterónimos, entregado febrilmente a la escritura de sus poemas: afirmó haber escrito todos los poemas de El guardador de rebaños en una única noche de insomnio de Caeiro.
Un disfraz equivocado
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Tañe el abad a maitines, mucha prisa que se dan. Mío Cid y su mujer para la iglesia se van. Echóse doña Jimena en las gradas del altar y a ...





