09 febrero 2021

9 de febrero

Mientras caminaba midiendo con pesados pasos la estancia, quiso el azar que al mirar por la ventana viese una troika que se detenía en el portón y a un hombrecillo de gorra de cuero y capote de paño basto saliendo del vehículo y que se dirigía hacia el ala del edificio donde se encontraba el administrador. Troekúrov reconoció al asesor Shabashkin y ordenó que lo condujeran ante él. Un minuto después, Shabashkin se encontraba en la sala, haciendo saludo tras saludo y esperando respetuosamente sus órdenes.

—Celebro verte, aunque no recuerdo cómo te llamas —le dijo Troekúrov—. ¿Qué te trae por aquí?

—Iba a la ciudad, excelencia —contestó Shabashkin—, y me acercaba a Iván Demiánov para preguntarle si había alguna orden de su excelencia.

—Vienes oportunamente. Te necesito. Bébete una copa y escucha.

Acogida tan afectuosa asombró agradablemente al asesor. Rechazando el vodka se dispuso a escuchar atentamente a Kirila Petróvich.

—Tengo un vecino —dijo Troekúrov—, un pequeño propietario insolente al que deseo arrebatar su finca. ¿Qué piensas tú de esto?

—Si hay documentos, excelencia, o…

—Nada de eso, amigo, no hay ningún documento. Para eso están los dictámenes. La fuerza consiste en esto, en apoderarse de una finca aunque no se tenga derecho alguno. Sin embargo… espera. Esa finca nos perteneció en otros tiempos, la compramos a un tal Spitsin y la vendimos luego al padre de Dubrovsky. ¿Se podría encontrar ahí un pretexto?

—No lo creo, excelencia; probablemente, la venta fue hecha conforme a la ley.

—Piénsalo, amigo, busca bien.

—Si, por ejemplo, su excelencia pudiera de algún modo conseguir la escritura en virtud de la cual su vecino posee la finca, quizá fuera posible…

—Comprendo. Lo malo es que todos sus papeles desaparecieron con ocasión de un incendio.

— ¿Desaparecieron sus papeles, excelencia? ¿Qué más quiere? En tal caso procede conforme a la ley, y no me cabe la menor duda que se verá plenamente satisfecho.

— ¿Tú lo crees? Asegúrate. Confío en tu celo, y puedes estar seguro de mi agradecimiento.

Shabashkin se inclinó hasta casi tocar el suelo, salió de la estancia y comenzó de inmediato a trabajar en el asunto. Tal fue su habilidad, que a las dos semanas justas Dubrovsky recibió de la ciudad un requerimiento a fin de que presentase inmediatamente y en la debida forma todos los documentos referentes a su título de propietario de la aldea de Kisteniovka.

Andrei Gavrílovich, asombrado ante tan insólita demanda, escribió en el mismo día una destemplada respuesta en la que manifestaba que Kisteniovka la había heredado a la muerte de su difunto padre, que era suya por derecho de herencia, que Troekúrov nada tenía que ver con ello y que cualquier pretensión contra sus propiedades era una calumnia y un fraude.

Esta carta produjo una muy agradable impresión en el alma del asesor Shabashkin. Comprendió primeramente que Dubrovsky tenía una noción muy vaga de estos asuntos, y en segundo lugar que a un hombre tan acalorado y poco previsor podía colocársele sin grandes dificultades en situación desventajosa.

Después de examinar fríamente las preguntas del asesor, Andrei Gavrílovich comprendió la necesidad de contestar detalladamente. Escribió un documento bastante bien redactado, que no obstante, resultó ineficaz.

El asunto comenzó a alargarse. Andrei Gavrílovich, convencido de la razón que le asistía, no tenía ni deseos ni posibilidades de ir repartiendo dinero a diestra y siniestra, y si bien siempre había sido el primero en burlarse de la venalidad de los chupatintas, jamás pensó en acabar víctima de un pleito. Por su parte, Troekúrov no se preocupaba gran cosa del asunto: Shabashkin actuaba por él, obrando en su nombre, amenazando y sobornando a los jueces e interpretando torcidamente toda clase de leyes. El resultado de estos manejos fue una citación que recibió Dubrovsky el 9 de febrero de 18… por mediación de la policía de la ciudad, para que se presentara a juicio al objeto de oír la sentencia sobre la demanda presentada contra él, teniente Dubrovsky, por el general Troekúrov, y para que firmase su conformidad o disconformidad. Aquel mismo día se dirigió a la ciudad; por el camino le adelantó Troekúrov. Ambos se miraron con altivez y Dubrovsky advirtió en el rostro de su adversario una sonrisa de rencor.

Aleksandr Pushkin
Dubrovsky

Obra incompleta de Pushkin escrita en 1832 y publicada tras su muerte, en 1841.

Gaviota

 gaviota

08 febrero 2021

8 de febrero

—Cuenta —le decía Pólovtsev, liando un cigarrillo, dispuesto a escucharle con ansia.

Y Yákov Lukich le contaba las novedades de la jornada en el koljós. De ordinario, Pólovtsev le escuchaba en silencio, pero una vez, al informarle Yákov Lukich de la distribución de ropas y calzado de los kulaks entre los campesinos pobres, su rabia se desbordó; furioso, con un gorgoteo en la garganta, empezó a vociferar:

—¡En primavera, a todos los que han tomado alguna prenda les retorceremos el pescuezo! ¡Haz una lista de todos esos… canallas! ¿Me oyes?

—Ya la he hecho, Alexandr Anísimovich.

—¿La tienes ahí?

—Sí.

—¡Dámela!

Cogió la lista y la copió cuidadosamente, anotando los nombres, patronímicos y apellidos completos, así como las prendas tomadas, y poniendo una crucecita junto a cada uno de los que habían recibido ropa o calzado.

Después de hablar con Pólovtsev, Yákov Lllkich se iba a cenar; pero antes de acostarse pasaba de nuevo por el cuartucho a recibir instrucciones sobre lo que había que hacer al día siguiente.

Por indicación de Pólovtsev, el 8 de febrero, Yákov Lukich dio orden al jefe de la segunda brigada de que reservase cuatro trineos con hombres, para llevar a los establos de los bueyes arena del río. La orden fue cumplida. Entonces Yákov Lukich dispuso que limpiaran bien los suelos de tierra y los enarenasen luego. Cuando estaban terminando el trabajo, Davídov llegó al establo de la segunda brigada.

—¿Qué hacéis con esa arena? —preguntó a Demid el Callado, que había sido nombrado boyero de la brigada.

—La esparramamos.

—¿Para qué?

Silencio.

—Te pregunto que para qué.

—No lo sé.

—¿Quién ha mandado que se eche aquí arena?

—El administrador.

—¿Y qué dijo?

—Dijo: cuidad de la limpieza… ¡inventa, el hijo de perra!

—Pues esto es buena cosa, ¡qué duda cabe! En realidad, estará así más limpio. Porque con el estiércol y la peste que había aquí, los bueyes podían agarrar una enfermedad. A ellos hay que proporcionarles también limpieza, como dicen los veterinarios, ¡eso es la pura verdad! Y tú haces mal en… Bueno, en manifestar tu descontento. Fíjate, ¿eh? hasta da gusto mirar el establo: arenita, curiosidad… ¿Qué te parece?

Pero Davídov no pudo sacarle al Callado una palabra más del cuerpo. Sin despegar los labios, éste se dirigió al cobertizo del salvado, y aquél, aprobando mentalmente la iniciativa de su administrador, se fue a comer.

Al atardecer, Liubishkin vino corriendo a ver a Davídov, y le preguntó enfurecido:

—¿Es que desde hoy les vamos a poner a los bueyes arena, en vez del lecho de paja?

—Sí, arena.

—¿Qué le pasa a ese Ostrovnov? ¿Se… se ha vuelto loco? ¿Dónde se ha visto esto? ¿Y tú, camarada Davídov?… ¿Será posible que apruebes semejante majadería?

—¡Cálmate, Liubishkin! Todo esto es por razones de higiene, y Ostrovnov ha hecho bien. Cuando hay limpieza, disminuye el peligro de las enfermedades.

—¿Higiene? Si eso es higiene, ¡que se la meta en el c…! ¿Dónde deben acostarse los bueyes? ¡Y más con el frío que hace! La paja les da calor, mientras que la arena… Anda, ¡prueba a acostarte sobre ella!

Mijaíl Shólojov
Campos roturados

«Campos roturados» o «Tierras roturadas», según la edición, describe la profunda transformación de una aldea «koljoz», evocando los cambios producidos en la agricultura soviética por las granjas colectivas. Los personajes que intervienen están bien definidos, y el entorno está descrito de manera muy concreta, así, la totalidad del ambiente se entiende y Sholojov es capaz de adentrarnos a la vida campesina con una precisión asombrosa.

Interés infantil en el acuario

acuario