01 enero 2026

Hubo un tiempo

LA NAVIDAD CUANDO DEJAMOS DE SER NIÑOS

    Hubo un tiempo en el que, para la mayoría de nosotros, el día de Navidad envolvía nuestro limitado mundo como un anillo mágico y colmaba nuestros deseos y aspiraciones; aunaba diversiones hogareñas, afectos y sueños; reunía todo y a todos al amor de la lumbre; y dotaba de plenitud la pequeña imagen que resplandecía en nuestros brillantes ojos infantiles.

Llegó otro tiempo, tal vez demasiado pronto, en el que nuestros pensamientos rebasaron ese estrecho límite; en el que nos faltaba una persona (muy querida, creíamos entonces, muy hermosa y totalmente perfecta) para que nuestra felicidad fuera completa; en el que también se nos echaba de menos (o eso pensábamos, que viene a ser lo mismo) en el fuego navideño junto al que esa misma persona se calentaba; y en el que entrelazábamos con todas las coronas y guirnaldas de nuestra vida el nombre de ella.

Fue el tiempo de las navidades radiantes e ilusorias que hace tanto nos abandonaron ¡para aparecer débilmente, tras la lluvia del verano, en los bordes más pálidos del arco iris! Fue el tiempo del disfrute beatífico de las cosas que iban a ser, y que nunca fueron; pero ¡eran tan reales en nuestra imaginación que sería difícil decir qué realidades ocurridas desde entonces han sido más incontestables!


Charles Dickens

La Navidad cuando dejamos de ser niños

Bellotas de roble

Bellotas de roble

29 diciembre 2025

¿Han oído quejarse alguna vez a un niño de tener que esperar el tren en una estación?

 Por ejemplo, a menudo oímos a los adultos quejarse por tener que esperar el tren en una estación. ¿Han oído quejarse alguna vez a un niño de tener que esperar el tren en una estación? No, porque para él estar en una estación de ferrocarril es como estar en una caverna maravillosa o en un palacio de poéticos placeres. Porque para él las luces rojas y verdes de las señales son como un nuevo sol y una nueva luna. Porque para él, cuando el brazo de madera de la señal cae de repente, es como si un gran rey hubiera arrojado su cetro al suelo como señal y hubiera dado comienzo a un ensordecedor torneo entre trenes. Yo mismo tengo hábitos infantiles al respecto.


G. K. Chesterton

Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos)

La nueva heráldica

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