07 marzo 2021
06 marzo 2021
6 de marzo
6 de marzo
Hace una quincena o un mes que mi mujer de ahora eligió vivir en otro país. No hubo reproches ni quejas. Ella es dueña de su estómago y de su vagina. Cómo no comprenderla si ambos compartimos, casi exclusivamente, el hambre.
Nos consolábamos a veces con comidas a las que buenos amigos nos invitaban, chismes, discusiones sobre Sartre, el estructuralismo y esa broma que las derechas quieren universal, saben pagar bien a sus creyentes y la bautizan postmodernismo. Participábamos, reíamos y adornábamos con nuestras risas las frases ingeniosas. Aquellas cenas a las que no podíamos aportar ni un sólo peso ofrecían a un posible observador, tal vez a uno de los comensales que pagaban su parte de la cuenta, un aspecto admirable. Porque merecía admiración la astucia con que ella y yo, sin dejar de reír despreocupados, robábamos pancitos que cabían en la cartera de ella o en alguno de mis bolsillos. Así nos asegurábamos un desayuno seco para cuando despertáramos mañana en la cama de la pensión.
Se fueron acumulando los días casi miserables para triunfar convenciéndola de que yo había nacido para fracasado irremisible.
La muchacha pasaba todo su tiempo en la cama para ahorrar fuerzas, retener calorías. Tal vez estuviéramos en invierno. Creo, no lo aseguro. Y así: ella acostada y yo caminando, ida y vuelta, por la avenida buscando tropezar con algún ser muy amigo al que no me humillara pedirle dinero. Y recuerdo que ya no se trataba de conseguir un peso para que comiéramos. Nunca consulte en los periódicos a cuánto estaba la canasta familiar. Pero en aquellos días el mínimo indispensable había trepado a cinco pesos.
Pocas veces lo conseguía, no por negativas sino por desencuentros. Mis incursiones en la ciudad sólo excluían a los niños. Nunca hice distinciones por sexo. Pocas mujeres encontré.
Juan Carlos Onetti
Cuando ya no importe
Éste es el diario de Carr, un intelectual al que su mujer decide abandonar para irse a vivir a otro país. La miseria espiritual y material es lo único que ha compartido con ella, por eso la ruptura no será un hecho dramático, sino al contrario: se trata de una oportunidad para rehacer su vida. En la ciudad de Santa María comienza a trabajar en una presa. Pronto descubre que su trabajo es en verdad una tapadera para facilitar las correrías de unos contrabandistas.
Cuando ya no importe constituye una afirmación de esa portentosa capacidad de Onetti para poner en pie los mundos más sugestivos con el trazo contundente y firme de una literatura que se ha convertido en leyenda.
05 marzo 2021
5 de marzo
Eigendorf tenía 26 años en el momento de su muerte. Pasadas las once de la noche del sábado 5 de marzo de 1983, su automóvil Alfa Romeo fue a estrellarse contra un árbol en las cercanías de la ciudad de Braunschweig, donde jugaba con el equipo local, después que otro vehículo situado en un talud al borde de la carretera encendió de repente sus faros, puestos en alto, y lo deslumbró, según el testimonio del mecánico de un taller vecino, que trabajaba a deshoras en la reparación de un tractor. El conductor del otro automóvil nunca apareció. Ahora se sabe que aquel automóvil era un Mercedes comprado de segunda mano en Hannover y conducido por un hombre que ingresó desde Dinamarca, con un pasaporte alemán occidental expedido a nombre de Peter Lindemann. Otro agente, al volante de un Ford Taunus de alquiler, que seguía a Eigendorf, utilizó un walkie-talkie para dar el aviso de que el futbolista se aproximaba al punto cero.
Esa tarde Eigendorf había asistido al partido que su equipo jugaba contra el Bochum, pero se quedó en la banca por disposición del entrenador, que no lo veía en forma. Tras el encuentro, se juntó con algunos seguidores y bebió unas cuantas cervezas. A las nueve de la noche pasó por la casa de su profesor de vuelo, Helmut Vogel, con quien al día siguiente tenía previsto volar hasta la isla de Helgoland en el mar del Norte, según la ruta de ida y regreso que marcaron en el mapa. Eigendorf tomaría el mando de la avioneta Cessna monomotor, pintada de blanco y azul, que recientemente había comprado. Le faltaban cien horas de vuelo para obtener su licencia. Bebieron algunas cervezas —hay que decir que Eigendorf estaba tomando demasiadas cervezas, más de las que debería un centro delantero o un piloto en busca de su licencia— y no tardaron en despedirse porque debían estar en la pista a las siete de la mañana, la hora a partir de la cual el reporte meteorológico anunciaba cielos despejados. Entonces, Eigendorf subió a su Alfa Romeo, y a los pocos minutos ya se había estrellado.
Sergio Ramírez Mercado
Catalina y Catalina
Once cuentos escritos con un lenguaje descarnado y directo, propio de la crónica periodística, que tienen la virtud de conmocionar, sorprender y emocionar al lector, que halla enormemente cercanas estas historias que transcurren entre Nicaragua y Alemania, entre los años de la revolución sandinista y la época actual.
Es ésta colección de cuentos hay apariciones beisboleras, una cacería humana, hombres y mujeres infieles, un enigma urinario, una visita operística a los mitos mayas…; hay personajes cuyos sentimientos oscilan entre la resignación y la lucha, el amor y la ira; y hay, sobre todo, búsqueda: de afecto, de identidad, de un destino.
Catalina y Catalina ofrece una mirada amorosa a la compleja variedad de la existencia y sitúa al lector en pequeños mundos personales, algunos amables y otros sumamente crueles. Sergio Ramírez narra con la maestría que ha hecho de él uno de los mejores cuentistas centroamericanos.
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