13 junio 2025
12 junio 2025
Romance de Fontefrida
Romance de Fontefrida
Fonte-frida, fonte-frida
fonte-frida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación
si no es la tortolica,
que está viuda y con dolor.
Por allí fuera a pasar
el traidor del ruiseñor;
las palabras que le dice
llenas son de la traición:
—Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,
ni en prado que tenga flor;
que si el agua hallo clara,
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido
porque hijos no haya, no;
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
¡Déjame, triste enemigo,
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga,
ni casar contigo no!
fonte-frida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación
si no es la tortolica,
que está viuda y con dolor.
Por allí fuera a pasar
el traidor del ruiseñor;
las palabras que le dice
llenas son de la traición:
—Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,
ni en prado que tenga flor;
que si el agua hallo clara,
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido
porque hijos no haya, no;
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
¡Déjame, triste enemigo,
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga,
ni casar contigo no!
ANONIMO. Fronte-frida
(Hacia el siglo XV)
El Romance de Fronte-Frida conmueve por su tono confesional y dramático. La voz femenina, poco común en la lírica tradicional, transmite dolor, amor y desamparo con fuerza contenida. El lamento amoroso revela vulnerabilidad, pero también dignidad. Su sencillez formal contrasta con la intensidad emocional. Es una joya de la lírica tradicional castellana.
EN
Juan Bautista Bergua
Las mil mejores poesías de la lengua castellana
11 junio 2025
Paisaje virgiliano
10 junio 2025
Iglesia de madera
09 junio 2025
08 junio 2025
Ruinas
---
Y a lo mejor iba a decir más doña Lucía, pero en ese instante levantó el vuelo de entre las piedras caídas de la pared de la espadaña de la ermita una lechuza o búho, haciendo un tal ruido con su aleteo para ir a acomodarse en su lugar, que les cortó la conversación; y el señor Juan dijo:
—¡Mira tú qué hará aquí este bicho solitario!
Pero luego se corrigió enseguida, y añadió que, como decía el otro guarda del pinar que estuvo antes que él, esta familia de las lechuzas y los búhos tenían una fidelidad a las iglesias como un perro a su amo; porque se decía que se bebían el aceite de la lámpara del Santísimo Sacramento, pero no debía de ser así, porque el caso era que se quedaban en las iglesias, cuando ya no había que encender ninguna lámpara de presencia o ausencia, y la gente ya no iba ni atendía el edificio para nada; y también en las iglesias medio caídas o caídas del todo, y lloviese, nevase o hiciera frío o calor. De modo que allí no había lámparas de aceite, pero esos bichos allí estaban con sus ojos como con gafas anchas de aros de oro, tranquilos y asombrados; y por algo sería esa querencia que tenían, y ya no tiene nadie en este mundo, más que ellos."
LA QUERENCIA DE LOS BÚHOS
CUENTOS
JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
Tañe el abad a maitines, mucha prisa que se dan. Mío Cid y su mujer para la iglesia se van. Echóse doña Jimena en las gradas del altar y a ...



