05 mayo 2025

La causa de los sacrificios

 La causa de los sacrificios

 

¿Por ventura se sustenta el Señor de la carne y la sangre? ¿Y por qué, pues, ha impuesto los sacrificios a Israel?

El Señor, de otra parte, no ha impuesto los sacrificios, sino que solo los ha consentido. Así decía Dios a Israel: «No creas que los sacrificios tienen la eficacia de persuadir a mi voluntad; no imagines cumplir por ello un deseo mío. Pues no por mi voluntad, sino por tu deseo, sacrificas.»

¿Y por qué la ley divina ha permitido los sacrificios?

Un hijo de un rey, en vez de comer en la mesa regia, siempre andaba de orgía con malos compañeros, con lo que adquiría modales y costumbres obscenas. Dijo el rey: «De hoy en adelante mi hijo comerá siempre a mi mesa. Así aprenderá modales y costumbres más decentes y honestas.»

Así Israel estaba acostumbrado a ofrecer holocaustos y víctimas a falsos Dioses y a demonios; y en esta práctica había puesto mucho amor y pasión. Dijo el Señor: «Ofréceme solamente a mí los sacrificios: así serán al menos ofrecidos al verdadero Dios.»


Rafael Cansinos Assens (traductor)

BELLEZAS DEL TALMUD 

(ANTOLOGÍA HEBRAICA)



Iglesia prerománica junto a la montaña

 Iglesia Románica junto a la montaña

01 mayo 2025

Hurto a Dios

 Hurto a Dios

 

Es más grave el hurto hecho al hombre que el hurto hecho a Dios.


Rafael Cansinos Assens (traductor)

BELLEZAS DEL TALMUD 

(ANTOLOGÍA HEBRAICA)

Junto a la vieja colegiata

JUNTO A LA VIEJA COLEGIATA ooo

 JUNTO A LA VIEJA COLEGIATA

A vuelo, un murciélago rondaba la cúpula de aquel templo románico, donde no germinaban ya preces, ni cirios ardían. Solitario en obscuro rincón Cristo lívido sin las almas hallábase, que postradas antaño a sus plantas, perdón le pedían; y, del cielo cerrado del templo, las bóvedas, parecían gotear por las tardes leyendas remotas, nacidas de la negra angustia apocalíptica de los siglos más bárbaros, cuando el alma temblaba en el cuerpo, con las alas rotas, en la cárcel de carne, con tortura mística a la muerte esperándola, para verse así libre del mundo de odiosas historias; y en la paz del sepulcro del recinto tétrico -de una fe muera túmulo- un silencio de piedra envolvía las viejas memorias.

Por defuera del templo, bajo el sol vivifico, redondease el ábside, y cubriéndole manta de yedra, los nidos ampara donde ponen cada año golondrinas ágiles su cría, y marchándose, se la llevan à alguna mezquita rayana al Sahara. En la ruina de torre, cigüeña hierática, con los ojos sonámbulos, sesteando de pino al cojuelo, el campo avizora, y al caer de la tarde con su vuelo eurítmico, de la charca a las márgenes, el botín va a buscar que en el nido su cría devora.

Y el Cristo solitario, preso en aquel lúgubre interior aburriéndose, oye de fuera el alegre pío de las golondrinas, y el castañeteo, como un rezo litúrgico, con que cuentan del éxodo las cigüeñas los días que falten. ¡Aves peregrinas!

MIGUEL DE UNAMUNO (10/01/1914)