En el sendero, una alpargata blanca
como un resto de luz entre los pinos.
Parece nada, pero es —yo lo sé—
una púrpura caída del hombro del inocente.
Parece nada, pero es —yo lo sé—
una púrpura caída del hombro del inocente.
La miro:
en su amarillez dormida aún respira
el paso de aquellos hombres
que fueron llamados sombra
cuando eran claridad.
Comprendo entonces
que el mundo disimula su culpa
con palabras gruesas,
y que a veces sólo un objeto humilde
dice la verdad entera.
Y sigo andando,
porque ver también es cargar
con lo que ya no puede olvidarse.