viernes, 29 de febrero de 2008

Recuerdos del próximo pasado

recuerdos del próximo pasado

Imago Mundi. (2/9). Germán Arciniegas

Colón y La esfera encantada.
—Los libros que Colón conoce —tres o cuatro fuera de las Sagradas Escrituras y textos fragmentarios de los Santos Padres— le llenan la cabeza con el desdoblamiento maravilloso de la gran novela mágica europea. Mira al otro mundo a través de ese espejismo. Aun los viajeros que de veras han explorado el Asia —sobre todo Marco Polo— hablan de provincias de Oriente pobladas de una fauna, una flora, un reino mineral que luego reproducen los Bestiarios, las Florestas y Jardines en donde habita el unicornio, los Lapidarios. Ni hablemos de los exploradores legendarios —Juan de Mandeville, Fray Giovanni— cuyos escritos están circulando desde hace cientos de años por cortes, monasterios, universidades... De todos esos libros, el que más golpea en la curiosidad de Colón, el que descubre su curiosidad naciente es un cierto Imago Mundi, del cardenal Pierre d'Ailly, conocido mejor como Pedro Alliaco, así latinizado y castellanizado por el fraile y el almirante (Las Casas y Colón), según el estilo español.
En su ejemplar de Imago Mundi, Colón escribió, de su puño y letra, en las márgenes, 898 notas. Hay páginas en que el texto queda ahogado por este contexto. El no discute en las notas lo que escribe el cardenal «—rarísima vez lo hace—, sino que lo subraya. Pone de testigo al cardenal para fundamentar sus proyectos. D'Ailly es el mago que le da la mano y empuja a la aventura. Lo hermoso es encontrarse con un Colón que antes del gran viaje se nos presenta como un pensador, sentado sobre la piedra filosofal, y en la mano una esfera transparente que observa hipnotizado. No es precisamente la de la tierra, cuya circunferencia va a seguir. La esfera que contempla es la varias veces celestial que D'Ailly ha tomado de los sabios anteriores. En los libros más antiguos aparece dibujada como siete esferas metidas —pensemos en un juguete chino— una dentro de otra. Son esferas transparentes de colores que corresponden a los siete cielos, bóvedas en que se mueven la luna, los planetas, el sol, las estrellas. Colón mira en la esfera su destino y crece en él un poder divino, fuera de la razón, sobrenatural. El poder que algún día le permitirá codearse con reyes y reinas, y —¿por qué no?— dialogar con el Creador del universo, con el Padre Eterno.
D'Ailly es un personaje de cien años atrás. Político y universitario, combatió la magia como filósofo de la nueva ola, y al propio tiempo la buscó. Libró la primera gran batalla por la reforma del calendario —hubiera podido recordarse hoy tanto como al papa Gregorio— y salió a la palestra en defensa del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Razonaba y soñaba. Sacaría, a lo mejor, mayor certeza de sueños que de raciocinios. A Colón estas cualidades —si las supo— le arrobarían. Colón era el conquistador conquistado. Con la esfera en la mano asistía al descubrimiento de sí mismo y de las potencias que iban a ser instrumento formidable de su propia ambición. Había en él una mezcla de incontenible deseo de riquezas y honores, y de fantasía desatada, como hubo en D'Ailly el acaparador de riquezas, y el soñador que rompía lanzas por la unidad de la iglesia, el idealista que preconizaba el poder democrático de los concilios enfrentándolo a la autoridad monárquica del papa.
En una página de Imago Mundi presenta D'Ailly su esfera con este comentario: «En esta figura solo se reproducen las nueve esferas celestes que conforman hoy las teorías de los astrólogos. Aristóteles solo admitió ocho. Saturno, naturalmente frío, tiene efectos sobre las sequías. Su esfera es blanca y su influencia maligna. Júpiter es cálido y húmedo: su esfera clara y pura atempera el carácter maligno de Saturno. Marte, cálido y seco, es a la vez ígneo y radiante: esfera nociva y de influencia belicosa. El Sol es cálido y luminoso: en su esfera se opera la variedad de las estaciones: ilumina las estrellas. Es de un volumen superior a cada una de ellas. La esfera de Venus es cálida y húmeda. Venus es por sí misma el más resplandeciente de los astros y acompaña siempre al Sol: si le precede es lucífera; si le sigue, véspera. Mercurio es radiante y gravita siempre con el Sol llevándole una distancia constante de XXVII grados: por esto rara vez es visible. La Luna es húmeda y fría y madre de las aguas. Iluminada por el Sol, alumbra de noche. Los astrólogos atribuyen propiedades e influencias diversas y múltiples a dichos signos y divisiones del zoodiaco, propiedades que no hay que admitir con fe demasiado crédula, ni rechazar con incredulidad excesiva...»
Esta Imagen del Mundo que cae en manos de Colón es una de las muchas que se han escrito y dibujado, de siglos atrás, y en ningún caso la más célebre. Pero a distancia de las anteriores, tiene ya una como temblorosa aproximación al Renacimiento que comienza su alborada. D'Ailly está en el punto mismo en que no hay que tener una fe demasiado crédula, ni una incredulidad excesiva. Con esta circunstancia: su ciencia, que viene de muy atrás —como cualquier resumen que se haga en ese momento-— tiene que partir del tiempo mágico, donde se dan la mano astrónomos y astrólogos. Una Imago Mundi mucho más antigua que la suya, es la de Gautier de Metz —siglo XIII—. Arthur Piaget publicó no hace mucho este olvidado texto, y al hacerlo lo presentó diciendo: «En las vastas enciclopedias que aparecen en el siglo XIII se encuentran Bestiarios y Lapidarios y otras obras con títulos como estos: Imagen del Mundo, Mapamundi, Espejo del Mundo, Pequeña Filosofía, Luz de los Laicos, Naturaleza de las Cosas, Propiedades de las Cosas. Estas obras, en latín o en francés, en verso o en prosa, teológicas, filosóficas, geográficas, son en lo general compilaciones sin originalidad, cuyos materiales se han tomado a diestra y siniestra de autores sagrados y profanos -—Aristóteles, Plinio, Solín, Isidoro de Sevilla, Honorio de Autin— o del Antiguo y el Nuevo Testamento, de los Padres de la Iglesia, de los fisiólogos Paladio, Isaac, Jacques Vitry... De la Imago Mundi, de Gautier de Metz, tenemos dos redacciones, una de siete mil versos de 1245, y otra revisada y aumentada con cosa de cuatro mil versos, de 1247...»


Publicado en la Revista de Occidente en abril de 1972

jueves, 28 de febrero de 2008

En el cabo de Peñas. Asturias

Cabo Peñas

de mares y siluetas
Fotos.: Diego Suárez

Imago Mundi. (1/9). Germán Arciniegas

CUANDO Colón enrumba sus tres carabelas hacia occidente no va a lo absolutamente desconocido. Se mueve hacia una realidad mágica, se encamina al encuentro de un continente ya ocupado. Son tierras conquistadas y pobladas por la fábula. El hombre medieval cree más en lo misteriosamente elaborado que en lo inmediato y tangible. Los gigantes y pigmeos que se mueven en la selva de los cuentos tienen la misma existencia para sabios e ignorantes que el prójimo con que se codean a diario en el mercado, en la iglesia, en los caminos estrechos que salen del burgo a la campaña. En islas o en la tierra firme del otro hemisferio han de existir cíclopes, hombres cara de perro cuyo espinazo termina en un rabo largo y peludo, amazonas de un solo pecho. Se sabe que allá hay más oro y piedras preciosas que en ningún otro lugar de la tierra. La Europa de 15oo sigue siendo una novela, como novela y no otra cosa fue la de cinco siglos atrás. Sus filósofos, teólogos, poetas, geógrafos, astrólogos, místicos, brujos, y el fraile predicador y el escudero y el peón y la doncella y el barbero y el ama y la ventera y el príncipe y la princesa no se han mirado sino en espejos adivinos. Quienes adoctrinan y enseñan, se mueven con linternas mágicas proyectando imágenes vivas del infierno o el paraíso, a todo color. Vitrales. Hacen periodismo, reportajes, historias, que todo el mundo acepta, romanceros que todos repiten. Las figuras más insignes del Renacimiento no inician un viaje, no comienzan la construcción de un palacio, no emprenden, no actúan sin consultar a su astrólogo de cabecera. De los libros —sobre todo de poesía, en un tiempo en que la poesía está en el aire y todo lo encanta y embellece o ensombrece— sale desbordante muchedumbre de fantasmas, encaminados a rellenar los vacíos del hemisferio que nadie ha visitado, pero que existe como escenario de la gran comedia imaginaria. Todo conspira a que la nueva historia, la que comienza en 1492, sea epopeya fabulosa. Europa está encantada de tiempo atrás, y lo sigue siendo. Ha inventado ya, para su gran desahogo, el Asia legendaria. Asia de monstruos estupendos y seres híbridos en que hay que creer como en los santos o en los diablos. Así lo habían hecho los precursores: los griegos. El medieval les sigue, les imita, con todas las complicaciones de su oscuro laberinto iluminado. ¿Quién, pues, es el valiente, quién ha nacido tan incrédulo y atrevido que logre sustraerse a esta presión del ambiente embrujado, que por otra parte fascina?
Publicado en la Revista de Occidente en abril de 1972

martes, 26 de febrero de 2008

Iglesia de Isla Cristina. Huelva

iglesia en isla cristina

LA LOLA

Bajo el naranjo, lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
El agua de la acequia
iba llena de sol;
en el olivarito
cantaba un gorrión.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Federico García Lorca en POEMA DEL CANTE JONDO

domingo, 24 de febrero de 2008

Huelva, capital

Catedral de Huelva

plaza de toros de Huelva

LOS DIPUTADOS: EL INDEPENDIENTE

La escena es en cualquiera villa de la Península, ó, si ustedes quieren, en Villacualquiera. El teatro representa la oficina de farmacia del pueblo, punto de reunión de los notables del mismo.
Personajes: el boticario, el albéitar, dos de los principales terratenientes, el alcalde y el secretario de Ayuntamiento. Este último acaba de leer la convocatoria para elecciones de diputados á Cortes. En seguida toma la palabra el alcalde, y dice:
— ¿No les parece á ustedes, señores, que ya debíamos estar cansados de votar á los señoritos que nos envían de Madrid, y que después no vuelven á acordarse de nosotros?
Discutida suficientemente la cuestión, acuérdase la candidatura de uno de los presentes, el Sr. Fulano, quien, tras una resistencia digna de Cincinato, y previa consulta con su mujer, acepta la representación de sus convecinos.
En vano el Gobierno le opone un candidato adicto á su política; el día de la elección, el Sr. Fulano abre de par en par las puertas de su bodega, y queda proclamado por unanimidad, según él, por una nimiedad, como decía Candan antes de desechar el pelo del Coronil.
El diputado adopta el carácter de independiente, porque, como él dice, á él no le lleva la política, sino el deseo de rebajar las contribuciones. Desde luego ofrece sacar tres ferrocarriles, una fuente y un lavadero para su villa natal, y aunque es del interior, y no tiene más río que uno tributario del Jarama, como pueda, convertirá en puerto de mar los terrenos incultos que rodean al pueblo.
Sale de éste con el acta en el bolsillo, entre las aclamaciones de la multitud.
— ¡Que no te vendas! le dicen sus amigos.
— ¡Que no se olvide usted de nosotros! le gritan los pobres.
Y él, montado en su macho, saluda con el sombrero.
El camino es corto, y en pocas horas se presenta en Madrid, hospedándose provisionalmente en la posada del Peine; sin quitar el polvo á la ropa , se dirige á la calle de la Cruz , y se equipa a la moda... de hace diez años , marchando rápidamente al Congreso , en cuya puerta le atajan el paso los porteros de entrada .
El flamante diputado, reparando en los trajes de aquéllos, los toma por ministros, creyendo ver en uno que adolece de estrabismo, al Sr. Cánovas del Castillo.
— Soy, dice descubriéndose, el diputado por Villacualquiera.
Los porteros le acompañan al despacho del Mayor, donde entrega el acta, pidiendo recibo.
El acta está más limpia que una patena, y queda aprobada en la primera reunión del Congreso.
El independiente no puede contener su gozo; aquel día se permite el lujo de regalarse en casa de Botín (sobrino), habiendo antes escrito, en papel del Congreso, á su mujer y amigos.
En los primeros días está cohibido: cuando toma agua no se atreve á endulzarla con azucarillos, censurando á solas el despilfarro de bujías para encender sus cigarros los padres de la patria.
Como no conoce á nadie, se aburre contemplando las pinturas del salón de conferencias, sin entender sus alegorías; tampoco sabe á quiénes representan los bustos de los ángulos, y el cuadro de los comuneros, del célebre Gisbert, se le antoja el suplicio de Riego.
Ni escupe, ni arroja la colilla del cigarro sobre la alfombra, y al sentarse en los mullidos divanes lo hace con el mayor cuidado, para no saltar los muelles.
Al fin sale de su aislamiento, buscado en una rotación por los amigos del Ministerio. ¡Adiós, propósitos de independencia!
El pobre independiente no tiene valor ni práctica para sustraerse á la influencia de los diputados duchos en intrigas de salón, y vota lo que le aconsejan.
Ganada la votación, le presentan al ministro interesado en aquélla: éste suele ser el de Gobernación, que en todo Ministerio es el de más travesura. El individuo del Gabinete conoce á primera vista al neófito; con dos ó tres palmaditas en el hombro se gana la simpatía del Sr. Fulano, á quien para asegurarle promete una gran cruz.
Desde aquel instante, el independiente deja de serlo para convertirse en obediente servidor del Gobierno. Ya no se acuerda de los ferrocarriles, ni de la fuente, ni del lavadero, ni siquiera, en fin, del puerto con que había soñado.
El Ministerio le parece el mejor de los Ministerios posibles, y el ministro de la Gobernación el político más campechano del mundo.
De día en día hace pinitos, y al final de la legislatura ya se atreve á interrumpir á alguno de los oradores de oposición, dándose tono con los porteros; ya toma los azucarillos á pares, encuentra mezquino el alumbrado, pobre y miserable la alfombra, desvencijados los divanes y estrecho el edificio.
Por fin recibe el diploma de caballero gran cruz de una real y distinguida orden. ¡Ya tiene excelencia!
Quienes con esto salen perdiendo, son el sobrino de Botín y el dueño de la posada del Peine. Un excelentísimo señor, no puede, sin rebajarse, comer un cuarto de cabrito en una vulgar pastelería, ni dormir en el cuarto de una posada. A partir desde su encumbramiento, come y se hospeda en la fonda de Los Leones de oro; así subirá hasta alojarse en el Hotel de París. Por supuesto, tampoco se viste en roperías.
Ciérranse las Cortes, suspendidas las sesiones, y el excelentísimo señor D. Fulano vuelve á su pueblo, no atravesado en un macho, sino en diligencia; pero los electores no le esperan á la entrada del lugar. Engañados en sus esperanzas, han jurado vengarse no volviendo á sacarle diputado.
A buena hora; otra vez se presentará candidato ministerial, y saldrá, si no por su distrito, por algún otro, aunque sea de las provincias ultramarinas.
En esto paran la generalidad de los diputados independientes: pobres hombres, vienen con muchos bríos, y son explotados, sin que cueste muy cara su adhesión.
Así le ha ocurrido al Sr. Fulano; sin embargo, con el tiempo irá aumentando su ambición, y, ministerial cual ninguno, su propia insignificancia le elevará á la categoría do hombre importante.
De menos hizo Dios á Auriol, y de mucho menos todavía hizo Cánovas á Sedano.
En el 'Almanaque del buñuelo' de 1881

viernes, 22 de febrero de 2008

OLVIDO DE NOMBRES PROPIOS

En el año 1898 publiqué en Monatsschrift für Psychiatrie und Neurologie un pequeño trabajo, titulado «Sobre el mecanismo psíquico del olvido», que quiero reproducir aquí, utilizándolo como punto de partida para más amplias investigaciones. Examinaba en dicho ensayo, sometido al análisis psicológico, un ejemplo observado directamente por mí mismo, el frecuente caso de olvido temporal de un nombre propio, y llegaba a la conclusión de que estos casos de falla de una función psíquica -de la memoria-, nada gratos ni importantes en la práctica, admitían una explicación que iba más allá de la usual valoración atribuida a tales fenómenos.
Si no estoy muy equivocado, un psicólogo a quien se pregunta cómo es que con mucha frecuencia no conseguimos recordar un nombre propio que, sin embargo, estamos ciertos de conocer, se contentaría con responder que los nombres propios son más susceptibles de ser olvidados que otro cualquier contenido de la memoria, y expondría luego plausibles razones para fundamentar esta preferencia del olvido; pero no sospecharía más amplia determinación de tal hecho.
Por mi parte he tenido ocasión de observar, en minuciosas investigaciones sobre el fenómeno del olvido temporal de los nombres, determinadas particularidades que no en todos, pero sí en muchos de los casos, se manifiestan con claridad suficiente. En tales casos sucede que no sólo se olvida, sino que, además, se recuerda erróneamente. A la consciencia del sujeto que se esfuerza en recordar el nombre olvidado acuden otros -nombres sustitutivos- que son rechazados en el acto como falsos, pero que, sin embargo, continúan presentándose en la memoria con gran tenacidad. El proceso que os había de conducir a la reproducción del nombre buscado se ha desplazado, por decirlo así, y nos ha llevado hacia un sustitutivo erróneo. Mi opinión es que tal desplazamiento no se halla a merced de un mero capricho psíquico cualquiera, sino que sigue determinadas trayectorias regulares y perfectamente calculables, o, por decirlo de otro modo, presumo que los nombres sustitutivos están en visible conexión con el buscado, y si consigo demostrar la existencia de esta conexión, espero quedará hecha la luz sobre el proceso y origen del olvido de nombres.
En el ejemplo que en 1898 elegí para someterlo al análisis, el nombre que inútilmente me había esforzado en recordar era el del artista que en la catedral de Orvieto pintó los grandiosos frescos de `Las cuatro últimas cosas'. En vez del nombre que buscaba Signorelli- acudieron a mi memoria los de otros dos pintores -Botticelli y Boltraffio-, que rechacé en seguida como erróneos. Cuando el verdadero nombre me fue comunicado por un testigo de mi olvido, lo reconocí en el acto y sin vacilación alguna. La investigación de por qué influencias y qué caminos asociativos se había desplazado en tal forma la reproducción -desde Signorelli hasta Botticelli y Boltraffio- me dio los resultados siguientes:
a) La razón del olvido del nombre Signorelli no debe buscarse en una particularidad del mismo ni tampoco en un especial carácter psicológico del contexto en que se hallaba incluido. El nombre olvidado me era tan familiar como uno de los sustitutivos -Botticelli- y mucho más que el otro -Boltraffio-, de cuyo poseedor apenas podría dar más indicación que la de su pertenencia a la escuela milanesa. La serie de ideas de la que formaba parte el nombre Signorelli en el momento en que el olvido se produjo me parece absolutamente inocente e inapropiada para aclarar en nada el fenómeno producido. Fue en el curso de un viaje en coche desde Ragusa (Dalmacia) a una estación de la Herzegovina. Iba yo en el coche con un desconocido; trabé conversación con él y, cuando llegamos a hablar de un viaje que había hecho por Italia, le pregunté si había estado en Orvieto y visto los famosos frescos de…
b) El olvido del nombre queda aclarado al pensar en el tema de nuestra conversación, que precedió inmediatamente a aquel otro en que el fenómeno se produjo, y se explica como una perturbación del nuevo tema por el anterior. Poco antes de preguntar a mi compañero de viaje si había estado en Orvieto, habíamos hablado de las costumbres de los turcos residentes en Bosnia y en la Herzegovina. Yo conté haber oído a uno de mis colegas, que ejercía la Medicina en aquellos lugares y tenía muchos clientes turcos, que éstos suelen mostrarse llenos de confianza en el médico y de resignación ante el destino. Cuando se les anuncia que la muerte de uno de sus deudos es inevitable y que todo auxilio es inútil, contestan:«¡Señor (Herr), qué le vamos a hacer! ¡Sabemos que si hubiera sido posible salvarle, le hubierais salvado!» En estas frases se hallan contenidos los siguientes nombres: Bosnia, Herzegovina y Señor (Herr), que pueden incluirse en una serie de asociaciones entre Signorelli, Botticelli y Boltraffio.
c) La serie de ideas sobre las costumbres de los turcos en Bosnia, etc., recibió la facultad de perturbar una idea inmediatamente posterior, por el hecho de haber yo apartado de ella mi atención sin haberla agotado. Recuerdo, en efecto, que antes de mudar de tema quise relatar una segunda anécdota que reposaba en mi memoria al lado de la ya referida. Los turcos de que hablábamos estiman el placer sexual sobre todas las cosas, y cuando sufren un trastorno de este orden caen en una desesperación que contrasta extrañamente con su conformidad en el momento de la muerte. Uno de los pacientes que visitaba mi colega le dijo un día: «Tú sabes muy bien, señor (Herr), que cuando eso no es ya posible pierde la vida todo su valor.»
Por no tocar un tema tan escabroso en una conversación con un desconocido reprimí mi intención de relatar este rasgo característico. Pero no fue esto sólo lo que hice, sino que también desvié mi atención de la continuación de aquella serie de pensamientos que me hubiera podido llevar al tema «muerte y sexualidad». Me hallaba entonces bajo los efectos de una noticia que pocas semanas antes había recibido durante una corta estancia en Trafoi. Un paciente en cuyo tratamiento había yo trabajado mucho y con gran interés se había suicidado a causa de una incurable perturbación sexual. Estoy seguro de que en todo mi viaje por la Herzegovina no acudió a mi memoria consciente el recuerdo de este triste suceso ni de nada que tuviera conexión con él. Mas la consonancia Trafoi-Boltraffio me obliga a admitir que en aquellos momentos, y a pesar de la voluntaria desviación de mi atención, fue dicha reminiscencia puesta en actividad en mí.
d) No puedo ya, por tanto, considerar el olvido del nombre Signorelli como un acontecimiento casual, y tengo que reconocer la influencia de un motivo en este suceso. Existían motivos que me indujeron no sólo a interrumpirme en la comunicación de mis pensamientos sobre las costumbres de los turcos, etc., sino también a impedir que se hiciesen conscientes en mí aquellos otros que, asociándose a los anteriores, me hubieran conducido hasta la noticia recibida en Trafoi. Quería yo, por tanto, olvidar algo, y había reprimido determinados pensamientos. Claro es que lo que deseaba olvidar era algo muy distinto del nombre del pintor de los frescos de Orvieto; pero aquello que quería olvidar resultó hallarse en conexión asociativa con dicho nombre, de manera que mi volición erró su blanco y olvidé lo uno contra mi voluntad, mientras quería con toda intención olvidar lo otro. La repugnancia a recordar se refería a un objeto, y la incapacidad de recordar surgió con respecto a otro. El caso sería más sencillo si ambas cosas, rechazo e incapacidad, se hubieran referido a un solo dato. Los nombres sustitutivos no aparecen ya tan injustificados como antes de estas aclaraciones y aluden (como en una especie de transacción) tanto a lo que quería olvidar como a lo que quería recordar, mostrándome que mi intención de olvidar algo no ha triunfado por completo ni tampoco fracasado en absoluto.
e) La naturaleza de la asociación establecida entre el nombre buscado y el tema reprimido (muerte y sexualidad, etc., en el que aparecen las palabras Bosnia, Herzegovina y Trafoi) es especialmente singular. El siguiente esquema, que publiqué con mi referido artículo, trata de representar dicha asociación.
En este proceso asociativo el nombre Signorelli quedó dividido en dos trozos. Uno de ellos (elli) reapareció sin modificación alguna en uno de los nombres sustitutivos, y el otro entró -por su traducción Signor-Herr (Señor)- en numerosas y diversas relaciones con los nombres contenidos en el tema reprimido; pero precisamente por haber sido traducido no pudo prestar ayuda ninguna para llegar a la reproducción buscada. Su sustitución se llevó a cabo como si se hubiera ejecutado un desplazamiento a lo largo de la asociación de los nombres Herzegovina y Bosnia, sin tener en cuenta para nada el sentido ni la limitación acústica de las sílabas. Así, pues, los nombres fueron manejados en este proceso de un modo análogo a como se manejan las imágenes gráficas representativas de trozos de una frase con la que ha de formarse un jeroglífico.
La coincidencia no advirtió nada de todo el proceso que por tales caminos produjo los nombres sustitutivos en lugar del nombre Signorelli. Tampoco parece hallarse a primera vista una relación distinta de esta reaparición de las mismas sílabas o, mejor dicho, series de letras entre el tema en el que aparece el nombre Signorelli y el que le precedió y fue reprimido.
Quizá no sea ocioso hacer constar que las condiciones de la reproducción y del olvido aceptadas por los psicólogos, y que éstos creen hallar en determinadas relaciones y disposiciones, no son contradichas por la explicación precedente. Lo que hemos hecho es tan sólo añadir, en ciertos casos, un motivo más a los factores hace ya tiempo reconocidos como capaces de producir el olvido de un nombre y además aclarar el mecanismo del recuerdo erróneo. Aquellas disposiciones son también, en nuestro caso, de absoluta necesidad para hacer posible que el elemento reprimido se apodere asociativamente del nombre buscado y lo lleve consigo a la represión. En otro nombre de más favorables condiciones para la reproducción quizá no hubiera sucedido esto. Es muy probable que un elemento reprimido esté siempre dispuesto a manifestarse en cualquier otro lugar; pero no lo logrará sino en aquellos en los que su emergencia pueda ser favorecida por condiciones apropiadas. Otras veces la represión se verifica sin que la función sufra trastorno alguno o, como podríamos decir justificadamente, sin síntomas.
El resumen de las condicionantes del olvido de nombres, acompañado del recuerdo erróneo, será, pues, el siguiente:
1º. Una determinada disposición para el olvido del nombre de que se trate.
2º. Un proceso represivo llevado a cabo poco tiempo antes.
3º. La posibilidad de una asociación externa entre el nombre que se olvida y el elemento anteriormente reprimido.
Esta última condición no debe considerarse muy importante, pues la asociación externa referida se establece con gran facilidad y puede considerarse existente en la mayoría de los casos. Otra cuestión de más profundo alcance es la de si tal asociación externa puede ser condición suficiente para que el elemento reprimido perturbe la reproducción del nombre buscado o si no será además necesario que exista más íntima conexión entre los temas respectivos. Una observación superficial haría rechazar el último postulado y considerar suficiente la contigüidad temporal, aun siendo los contenidos totalmente distintos; pero si se profundiza más se hallará que los elementos unidos por una asociación externa (el reprimido y el nuevo) poseen con mayor frecuencia una conexión de contenido. El ejemplo Signorelli es una prueba de ello.
El valor de lo deducido de este ejemplo depende, naturalmente, de que lo consideremos como un caso típico o como un fenómeno aislado. Por mi parte debo hacer constar que el olvido de un nombre, acompañado de recuerdo erróneo, se presenta con extrema frecuencia en forma igual a la que nos ha revelado nuestro análisis. Casi todas las veces que he tenido ocasión de observar en mí mismo tal fenómeno he podido explicarlo del mismo modo, esto es, como motivado por represión. Existe aún otro argumento en favor de la naturaleza típica de nuestro análisis, y es el que, a mi juicio, no pueden separarse en principio los casos de olvido de nombres con recuerdo erróneo de aqueIlos otros en que no aparecen nombres sustitutivos equivocados. Estos surgen espontáneamente en muchos casos, y en los que no, puede forzárselos a emerger por medio de un esfuerzo de atención, y entonces muestran, con el elemento reprimido y el nombre buscado, iguales conexiones que si su aparición hubiera sido espontánea. La percepción del nombre sustitutivo por la consciencia parece estar regulada por dos factores: el esfuerzo de atención y una determinante interna inherente al material psíquico. Esta última pudiera buscarse en la mayor o menor facilidad con la que se constituye la necesaria asociación externa entre los dos elementos. Gran parte de los casos de olvido de nombres sin recuerdo erróneo se unen de este modo a los casos con formación de nombres sustitutivos en los cuales rige el mecanismo descubierto en el ejemplo Signorelli.
Sin embargo, no me atreveré a afirmar rotundamente que todos los casos de olvido de nombres puedan ser incluidos en dicho grupo, pues, sin duda, existen algunos que presentan un proceso más sencillo. Así, pues, creemos obrar con prudencia exponiendo el estado de cosas en la siguiente forma: Junto a los sencillos olvidos de nombres propios aparecen otros motivados por represión.
Sigmund Freud: "Psicopatología de la vida cotidiana"

En la fontana de Trevi: echando monedas

en la fontana de trevi

en la fontana de trevi

en la WIKI

Cine
Tres monedas en la fuente (1954): la fuente del título es la Fontana de Trevi.
La dolce vita (1960): en una de las escenas más famosas del cine italiano, Anita Ekberg se zambulle en la fuente, invitando a Marcello Mastroianni a hacer lo mismo.
Tototruffa '62 (1961):
Totò intentaba vender la fuente a unos ingenuos y confiados turistas.
The Lizzie McGuire Movie: Sale la fuente al principio de la película.

La costumbre de arrojar monedas
A raíz de la película
Tres monedas en la fuente, surge una leyenda urbana entre los que no saben que las tres monedas eran arrojadas por tres personas diferentes, según la cual trae suerte arrojar monedas con la mano derecha sobre el hombro izquierdo en la Fontana de Trevi.
En realidad, arrojar una moneda asegura que quien lo hace volverá a Roma, dos que se enamorará de una guapa romana (o romano) y tres que se casará con ella (o con él) en Roma.

jueves, 21 de febrero de 2008

Gotas de lluvia

gotas de agua

gotas de agua

gotas de agua

EL CIELO GANADO

El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres. Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:
-Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el Paraíso.
-Oh Señor -contesta Cruz-, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado.
Tras escucharlo, Dios responde:
-Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.
Gabriel Cristián Taboada (Buenos Aires, 1972).
JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES en CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS

miércoles, 20 de febrero de 2008

El espíritu de una ciudad

calle romana

Roma capital de un Imperio

En el año 64, Josefo fue encargado de ir a Roma con la misión de solicitar la libertad de dos fariseos detenidos por la autoridad romana. Allí fue presentado a Popea, a la que halló bien dispuesta en favor del pueblo Mío, como resultado de los informes que había recibido de un comediante judío llamado Alitiros. Gracias a Popea, Josefo obtuvo éxito en su demanda: sus compatriotas fariseos fueron puestos en libertad y, por añadidura, recibió de la emperatriz algunos regalos. Se cree que de esa estancia en Roma provino su sentimiento, si no de lealtad inmediata hacia los romanos, por lo menos la convicción de que el poder romano era invencible, y desafiarlo constituía una locura de los judíos. Cuando, poco después de regresar a Judea, estalló la revuelta del año 66 se puso a su servicio, pero con una confianza ya desfallecida por anticipado.
sobre el libro "Las Guerras de Los Judíos" de Flavio Josefo

lunes, 18 de febrero de 2008

PARADOJA DE TRISTRAM SHANDY

Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía de invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera apartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de años.

de Bertrand Russell, Mysticism and Logic (1917). Publicado por JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES en CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS

Punto de fuga

punto de fuga


punto de fuga

domingo, 17 de febrero de 2008

LA SECTA DEL LOTO BLANCO

Había una vez un hombre que pertenecía a la secta del Loto Blanco. Muchos, deseosos de dominar las artes tenebrosas, lo tomaban por maestro.
Un día el mago quiso salir. Entonces colocó en el vestíbulo un tazón cubierto con otro tazón y ordenó a los discípulos que los cuidaran. Les dijo que no descubrieran los tazones ni vieran lo que había adentro.
Apenas se alejó, levantaron la tapa y vieron que en el tazón había agua pura y en el agua un barquito de paja, con mástiles y velamen. Sorprendidos, lo empujaron con el dedo. El barco se volcó. De prisa lo enderezaron y volvieron a tapar el tazón.
El mago apareció inmediatamente y les dijo:
-¿Por qué me habéis desobedecido?
Los discípulos se pusieron de pie y negaron. El mago declaró:
-Mi nave ha zozobrado en el confín del Mar Amarillo. ¿Cómo os atrevéis a engañarme?
Una tarde, encendió en un rincón del patio una pequeña vela. Les ordenó que la cuidaran del viento. Había pasado la segunda vigilia y el mago no había vuelto. Cansados y soñolientos, los discípulos se acostaron y se durmieron. Al otro día la vela estaba apagada. La encendieron de nuevo.
El mago apareció inmediatamente y les dijo:
-¿Por qué me habéis desobedecido? Los discípulos negaron:
-De veras, no hemos dormido. ¿Cómo iba a apagarse la luz? El mago les dijo:
-Quince leguas erré en la oscuridad de los desiertos tibetanos y ahora queréis engañarme. Esto atemorizó a los discípulos.

de Richard Wilhelm, Chinesische Volksmaerchen (1924). Publicado por JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES en CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS

Los almendros están en flor

almendros de valdemoro


flor del almendro

viernes, 15 de febrero de 2008

Las islas de la Utopía

Uno de los grandes descubrimientos del tiempo presente, e hilo del laberinto de los días en que vivimos, es el haber llegado a saber el hombre que todas las utopías son realizables y posibles. En el corazón del pensamiento político del siglo este hecho fructifica, y desde él se construye, para bien o para mal. La nostalgia de la Edad de Oro la desvanece en el hombre la posibilidad de la utopía, que llena el vaso que bebemos de sedes de futuro, y fuera de la romántica existencialista, en las entretelas de los días que pasan, está viviendo otra vez Cándido optimista: surge de nuevo el optimismo de la máquina, ahora más cierto porque el hombre, a poco que se le repare, será asimismo máquina. En las islas Sevarambas, ingenua utopía de un abate francés del XVIII, lo que en última instancia se pretendía hacer del hombre era un niño. Novalis veía la salvación del mundo en una alegre puericia, y así escribía que donde haya niños habrá siempre una Edad de Oro. Pero en las utopías, en los mundos felices de la imaginación de este siglo, desde Rusell y Huxley a Werfel y mi amigo Agustín de Foxá, del hombre se hace un «robot», y no deja de ser significativo que en cualquiera de esos mundos, sus creadores hayan de admitir el salvaje insurrecto, lámpara que arde con el alcohol de las pasiones antiguas, o el «robot» infeliz al que el amor estremece y despierta. Falta por escribir la utopía del «robot» feliz; yo he pensado que solamente un «robot» sería feliz si pudiese soñar. Aunque quizás soñando dejase de ser precioso artilugio automático para convertirse en inquieta pesadumbre humana. El «robot» total no sueña. En un estudio sobre ciertas escuelas hindúes, leía yo que lo primero que se hacía con los discípulos era enseñarles a no soñar durmiendo, y en vez de viajar los mudables países de los sueños, fugitivos rostros, deseos y pensamientos que un viento silencioso lleva y trae, los discípulos sonámbulos repetían en el sueño nocturno trozos de la gramática de Panini. Medio hombre muere privado de sus sueños. La libertad del hombre podía medirse por lo que se sueña.
Mi pereza y yo escribíamos hace algún tiempo la introducción a un mundo feliz en una isla: es decir, imaginaba una utopía a lo antiguo, limitando a una breve tierra la experiencia. Lo típico de las utopías contemporáneas es su carácter de universalidad. El orden de mi isla, como la república romana según Cicerón, descansaba en los augurios y el Senado: una pequeña ermita de Nuestra Señora en un alto cabe la mar, milagrosa la imagen que vino por las ondas al arenal con un cortejo de delfines, y el consejo de los ancianos, que solamente podían hablar por parábolas y ejemplos; patricia luna llamaba yo al Senado como los romanos al suyo, por la C de cien, siendo cien los senadores. Todo el gobierno de mi isla Sevaramba pendía del milagro que obrase la Virgen y de la fábula en los labios de los ancianos; era, pues, un gobierno a la vez imprevisible y previsor, y la coacción, moral: una sociedad cristiana, en el sentido de que la bastaba el tribunal de la penitencia. En mi ingenua utopía, un mundo, franciscano modo, vivía. La prohibición del milagro parece ser otro de los tópicos de las modernas utopías y los felices mundos futuros, y sólo en las reservas de los salvajes o cuando el «robot» quiebra con la ira de su carne y el apetito de su alma el cálculo cibernético, el nombre de Dios es pronunciado, y si de este nombre se ha perdido la memoria, el hombre lo halla de nuevo en la boca suya como agua fresca o como fuego.
Finalmente, en todos los mundos felices del futuro, padece la cocina. La tableta vitamínica se opone a aquella invención del espíritu humano, quizás la más rica en fantasía y en sutileza que yo acostumbro a llamar la cocina critiana occidental: utopía he leído en la que el «robot» se embriaga -¿Y para qué, si nada recuerda, si nada olvida?-, con píldoras. Y su embriaguez consiste en una especie de retroceso, en la vuelta, durante el período de borrachera, a movimientos simples, al balbuceo automático... En «La estrella de los nonnatos» de Werfel, el único vino y el único pan están en la mesa del Gran Arzobispo, y en la mesa del Gran Rabino hay leche, miel y dátiles. El Gran Arzobispo ha cogido el pan de la mesa, una hogaza de dorada corteza, y con el cuchillo ha cortado una rebanada, que ofrece al visitante. El Gran Rabino le acerca al viajero un plato de dátiles: con los largos dedos de sus pálidas manos ha tomado uno y lo lleva a la boca, como un patriarca antiguo del desierto acerca un oasis a su corazón. Alguien ha sido salvado. Forzando el argumento, recuerdo aquello que me decía don Pedro Mourlane Michelena: «Sin vino no hay cocina, y sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro».

Un artículo de Álvaro Cunqueiro

Las tres felicidades chinas

las tres felicidades chinas

CUANDO SEAS VIEJA~WHEN YOU ARE OLD

WHEN YOU ARE OLD
When you are old and grey and full of sleep,
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;
How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true,
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face;
And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how Love fled
And paced upon the mountains overhead
And hid his face amid a crowd of stars.
CUANDO SEAS VIEJA
Cuando seas vieja y al vencerte el sueño
junto al fuego dormites, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la mirada dulce
que tus ojos tuvieron, con su sombría hondura.
Muchos amaron la gracia alegre de tus días
y amaron tu belleza con amor falso o verdadero,
mas sólo uno amó en ti tu alma peregrina
y amó la tristeza de tu cambiante rostro.
Cuando al fuego del hogar te inclines,
lamenta, un poco tristemente, la huida del Amor
que allá en lo alto camina en las montañas
y su faz oculta entre un tropel de estrellas.
WILLIAM BUTLER YEATS
LÍRICA INGLESA DEL S. XIX
Traducción: Ángel Rupérez

jueves, 14 de febrero de 2008

Jugando con el agua

Gotas entre espinas



una gota

A la pasarela Cibeles y otros negocios parecidos

SONETO.
Un Loco (fue graciosa la rareza)
entre muchos desbarros que tenía,
vino por fin a dar en la manía
de plantarse un Bacín en la cabeza:
A la calle salió con gentileza,
y como todo el Pueblo se reía,
les dijo : ya hablaremos algún día
siempre la moda por alguno empieza.
Hoy, nuestros Petimetres relamidos,
han hecho sus anuncios verdaderos;
porque lo mismo es para mis fines,
que se pongan los tales presumidos
Bacines, a manera de sombreros,
que sombreros, a modo de Bacines.

En el Semanario erudito y curioso de Salamanca del sábado 12 de octubre de 1793 por los profesores Vega y Rodríguez

Tomado del fondo de la Hemeroteca digital de la Biblioteca Digital Hispánica

martes, 12 de febrero de 2008

Religiosas

Religiosas

Extraños sucesos o, mejor, SIN COMENTARIOS

En el número 9 del Diario curioso, histórico, erudito, comercial, civil y económico del lunes 15 de junio de 1772 se lee:

Suceso del día: A 15 de junio de 1726. Víspera de la Santísima Trinidad, se vio a las diez de la noche en la Villa, y Corte de Madrid un Arco Iris, con todos sus colores, hermosísimo, que nacía como de Portugal, y remataba su punta en el palacio de Rey Católico Don Felipe Quinto en Madrid. Hallábase en esta ocasión la reina Doña Isabel Farnesio recién parida de una Niña, que seis días antes había dado a luz; y sin duda fue anuncio esta señal prodigiosa de las Bodas que al año siguiente se ajustaron entre el Príncipe de España, y una Infanta de Castilla, hermana suya, con el príncipe del Brasil, que casó con la Infanta de Castilla, y una Infanta de Portugal, que casó con el Príncipe de Asturias Don Fernando de Borbón, legítimo sucesor de la Corona de España; para cuyas Bodas; descogió el Cielo aquel misterioso arco que enlazaba las dos Familias Reales con tan estrechos lazos.
Barcelona: por Carlos Casas, impresor y de Juan Centene, librero


Del diario curioso, histórico, erudito, comercial, civil y económico que con el número 9 fue sacado a la venta el 15 de junio de 1772, escrito por Don Pedro Ángel de Tarazona vecino de Barcelona con privilegio real para poder publicar estas revistas.

Tomado del fondo de la Hemeroteca digital de la Biblioteca Digital Hispánica

lunes, 11 de febrero de 2008

Irlanda: Kylemore Abbey

Kylemore Abbey Church



Kylemore Abbey

Kylemore Abbey es un edificio neogótico que, actualmente es un exclusivo internado femenino, regentado por monjas benedictinas, situado en las orillas del lago Kylemore. Lo mandó construir Mitchell Henry como regalo para su esposa, la cual murió repentinamente poco tiempo después. A ésta la siguió su hija, con lo cual el pobre Henry vendió el castillo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Acacias espinosas en la vega de Aranjuez

acacias espinosas en la vega de aranjuez


troncos de acacias espinosas

de los Cármina Burana

(WIKI) En estos poemas se hace gala del gozo por vivir y del interés por los placeres terrenales, por el amor carnal y por el goce de la naturaleza, y con su crítica satírica a los estamentos sociales y eclesiásticos, nos dan una visión contrapuesta a la que se desarrolló en los siglos XVIII y segunda parte del XIX acerca de la Edad Media como una “época oscura”.
En los Cármina burana se satirizaba y se criticaba toda la sociedad en general, especialmente a las personas que ostentaban el poder en la corona y sobre todo en el clero. Las composiciones más características son las Kontrafakturen que imitan con su ritmo las letanías del Antiguo Evangelio para satirizar la decadencia de la curia romana, o para construir elogios al amor, al juego o, sobre todo, al vino, en la tradición de los cármina potoria.
La colección se encuentra dividida en 6 partes:
Carmina ecclesiástica (canciones sobre temas religiosos)
Carmina moralia et satírica (cantos morales y satíricos)
Carmina amatoria (canciones de amor)
Carmina potoria (contiene obras sobre la bebida, y también parodias)
Ludi (representaciones religiosas)
Supplemantum (versiones de todas las anteriores, con algunas variaciones)

La obra musical moderna
Carl Orff tomó los textos de Carmina burana para componer una cantata escénica con el mismo nombre en 1937, cuyo fragmento más conocido es el O Fortuna, que constituye la primera parte del preludio y que se repite al final de la obra. Orff subtituló la composición: Cantiones profánae cantóribus et choris cantándae comitántibus instrumentis atqüe imáginibus mágicis (en latín: ‘canciones laicas para cantantes y coreutas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas’).
La versión de Orff forma parte de una trilogía junto a Catulli Cármina y Trionfo di Afrodita. En la cantata, además de la orquesta y coros, intervienen solistas (
soprano, tenor, bajo), destacando su abundante y espléndida percusión.
De la colección completa de los Carmina burana, Orff escogió 25 canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.
El ritmo es el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, tal vez, la característica más importante de los Carmina burana de Orff.
La obra de Orff consta de una introducción, tres partes y un final.
Introducción: Fortuna imperatrix mundi.
Primera parte: Primo vere - Ûf dem anger.
Segunda parte: In taberna.
Tercera parte: Cours d’amour - Blanziflour et Helena.
Final: Fortuna imperatrix mundi.
I.- FORTUNA IMPERATRIX MUNDI
1. O Fortuna
O Fortuna
velut luna
statu variabilis,
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.

Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.

Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria,
est affectus
et deffectus
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite!

1. Oh Fortuna
Oh Fortuna,
variable como la Luna
como ella creces sin cesar
o desapareces.
¡Vida detestable!
Un día, jugando,
entristeces a los débiles sentidos,
para llenarles de satisfacción
al día siguiente.
La pobreza y el poder
se derriten como el hielo.
ante tu presencia.

Destino monstruoso
y vacío,
una rueda girando es lo que eres,
si está mal colocada
la salud es vana,
siempre puede ser disuelta,
eclipsada
y velada;
me atormentas también
en la mesa de juego;
mi desnudez regresa
me la trajo tu maldad.

El destino de la salud
y de la virtud
está en contra mía,
es atacado
y destruido
siempre en tu servicio.
En esta hora
sin demora
toquen las cuerdas del corazón;
el destino
derrumba al hombre fuerte
que llora conmigo por tu villanía.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Embalse de Cervera o de Ruesga en la Montaña palentina

Foto de Mª Ángeles y Jesús

La Provincia de Palencia destaca, por su rico y variado patrimonio artístico: (WIKI)
Las diferentes muestras de Arte románico. Una de las mejores muestras de este estilo en Europa. Concentra la mayor cantidad de monumentos románicos por superficie de este continente. Destaca entre todas la Iglesia de San Martín de Frómista, uno de los mejores ejemplos románicos del mundo. Son candidatas a Patrimonio de la Humanidad.
Camino de Santiago, a su paso por la provincia, tanto por sus paisajes como por el patrimonio histórico que le rodea. Destacan las localidades de Frómista, Carrión de los Condes y Villalcázar de Sirga. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Iglesias y museos de la Tierra de Campos. Inmersos en el potente paisaje de Tierra de Campos típicamente castellano.
Villas Romanas: Cuentan con restos romanos muy importantes donde destacan los mosaicos. Las dos Villas principales son La Olmeda y la Tejada en Quintanilla de la Cueza
Canal de Castilla, el 80% de su recorrido transcurre por esta Provincia. Destacan las esclusas, la Dársena de Palencia y las rutas en bicicleta siguiendo el Canal. Atraviesa importantes localidades como Alar del Rey, Frómista, Grijota o la propia Palencia.
Turismo en la comarca de la Peña y Campoo (Montaña Palentina), destacando sus Parajes naturales (enmarcados en el Parque Natural de Fuentes Carrionas y la ruta de los pantanos (Compuerto, Aguilar, Camporredondo...).
Vias verdes. Antiguas vías de ferrocarril remodeladas como vías para ciclistas, caminantes o minusválidos.
Avistamiento de Aves: en la Laguna de la Nava de Fuentes.
Turismo urbano: Principalmente por su capital: Palencia. Destaca por la cantidad y calidad de sus iglesias góticas y renacentistas, su catedral, sus puentes emblemáticos, la ribera del Carrión y los edificios civiles de la Calle Mayor y de Jerónimo Arroyo y las extensas zonas verdes que la convierten el la primera por habitante de España en parques. El Cristo del Otero, que domina la ciudad y varios museos son otros atractivos de esta ciudad desconocida por el turismo.

martes, 5 de febrero de 2008

El derecho romano nos enseña

Estos preceptos son la base de toda sociedad justa según el derecho romano:
Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere. (Vivir honradamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo).

Febrero por Edith Holden

edith holden

lunes, 4 de febrero de 2008

Máscaras de carnaval

máscaras venecianas

El carnaval

Cuando Manuel González, alias Plinio, el jefe de la Policía Municipal, a través de un año de investigaciones sin cuento y de sucesos extraños concluyó con éxito su trabajo, pudo reconstruir de la siguiente manera parte de los hechos ocurridos en la villa de Tomelloso la tarde del Domingo de Piñata de 1925.
Aproximadamente a las seis de la tarde, una persona con un abultado lío de ropa bajo el brazo llegó a un cuartillejo derruido que había en una de las eras que flanquean el paseo del cementerio. Entre sus paredones mutilados había cenizas, piedras ahumadas y cajones de caballería. Por las noches debían de guarecerse allí gitanos u otras gentes trashumantes. En aquel día último y más furioso del carnaval, los paseos del cementerio aparecían completamente desiertos. Bajo un cielo opaco, los árboles cabeceaban al ritmo de un viento persistente y frío. Al final de los paseos, el cementerio. Sobre sus tapias asomaban puntas de cipreses, cruces y la bóveda de algún panteón. Bien muertos estaban los muertos en aquel día de vida desenfrenada. Parecía que a aquel gran solar de los tristes ya no iría nunca nadie.
La persona que sólo conocía Plinio, durante unos minutos estuvo oculta entre los lienzos de tapial mutilado. Al cabo de ellos salió completamente cambiada. Había deformado su cuerpo poniéndose algo alto sobre la cabeza y envolviendo toda su fábrica humana y postiza con una sábana, atada arriba con una cinta roja. La cara cubierta con una media negra, asomaba apenas, como entre cortinas, tras las dos alas de sábana que la máscara sujetaba con las manos, a su vez cubiertas con unos guantes de lana roja bordados en verde. La máscara llevaba un bastón de hierro.
A cierta distancia era difícil adivinar si aquella máscara era hombre o mujer. Tal era la deformación de su cuerpo, añadido por arriba y abultado por todos lados; y tal lo completo de su disfraz.
Ya fuera del cuartillejo y en plena era, aquella fantasmal —por lo ensabanada— máscara echó a andar con la mayor decisión calle del Campo abajo. Marchó silenciosa, con paso decidido, sin dar broma a nadie. Parecía que mejor que a máscaras iba a algo más concreto.
La verdad es que por la calle del Campo no había demasiado carnaval. Algunas máscaras que salían de su casa camino del centro; chiquillos cansados de arrastrar sus capisayos que hablaban ya en civil y sin quirio de máscara; y algún desdichado que montado en su mula aderezada con mantas viejas y con una palangana en la cabeza a manera de yelmo, espuerta al brazo en lugar de rodela y caña de mirasol en ristre, iba calle adelante al paso contenido de su andadura, canturreando un fandanguillo flamenco en espera de sitio adecuado para su acción.
Por las esquinas, muy ligera, al encabritado compás de su pasodoble bandurriero, pasó una estudiantina con trajes negros y coronas de flores. El pandetóforo se buscaba los calambres del codo con su parche, y algunos tunos, sin instrumento, quedaban retrasados ofreciendo las coplas impresas de su música.
Cuanto más se aproximaba la máscara a la plaza, mayor era el bullicio y la concentración. Resultaba trabajoso andar. Había que sortear con dificultad los grupos de máscaras y gentes sin disfraces que se formaban en todos sitios con cualquier pretexto. Ya en la plaza era imposible dar un paso. La gente se arremolinaba sin orden ni dirección. Entre el vocerío y los gritos de las máscaras, a veces, sin saber de dónde procedía, llegaba el redoble de un tambor, el tocar de un cencerro, o los ahogados acordes de una orquesta de cuerda. Desde el balcón del Ayuntamiento, por ejemplo, la plaza presentaba el aspecto de una enorme tortilla formada de cabezas tocadas con colorines, que se movían sin cesar en todas direcciones.
En un rincón de la plaza, junto a la «Posada de los Portales», estaba parado un carro grande. En torno a él había mucha gente. En la parte trasera había un tabladillo separado del interior por unas cortinas. A este tabladillo, como si fuera escenario, salían unos mozos vestidos de manera caprichosa, con la cara pintada de tizne o pimentón, que recitaban por turno unas escenas en versos ripiosos. Estas piezas bárbaras habían sido compuestas por ellos mismos —gañanes— en sus noches de quintería para hacerlas en carnaval.
La máscara, a aquellas horas, lo mismo que Plinio, debió de ver en el tabladillo a un mocetón con grandes barbas hechas de rabo de mula que recitaba un monólogo, que ripio a ripio, era así poco más o menos:

Y mientras tos amos comen
en mesas enmanteladas,
los pobrecitos gañanes
nos hacemos unas gachas.

Ellos, en el casino y de caza
y los míseros gañanes
con las mulas en el haza.

Aunque haga mal horage
o el sol pele las espaldas
los pobrecítos gañanes
les damos «pá» ir a la plaza...

La gente se reía a gusto, no sólo por la letra, sino por los desmedidos ademanes de los actores y sus voces a todo grito.
de Francisco García Pavón: "El carnaval" narración corta que forma parte del volumen 'Historias de Plinio'

domingo, 3 de febrero de 2008

Almadreñas

banco y almadreñas

Voy facerte unes madreñes
de tacón y que levanten
porque eres baja y alcances
a los brazos de tu amante.

Así le cantaba a su esposa doña Evarista Santos, Rodolfo Vela en la localidad de Basconcillos del Tozo allá por los años 40 cuando de forma inesperada esta provincia de Burgos se encontro "infestada", como me decía su hija Alicia, de almadreñas hechas aquí con la madera de la Lora y vendidas profusamente en los mercados del Tozo, de Valdelucio, de Villadiego, de Zamanzas y en Burgos capital, en las tiendas de la Viuda de Pérez Antón y en la de José Jiménez.

Estas almadreñas, inesperadas, fueron confeccionadas con las hayas de los montes de Sedano y Villadiego y no pudieron jamás ser igualadas por otros almadreñeros, ya que no había nadie que las hiciera tan livianas, como las burgalesas.

¿Cómo es posible que una zona sin experiencia almadreñera, de la noche a la mañana se convirtiera en uno de los focos de fabricación más envidiado? La explicación está en una serie de circunstancias que forzaron a que ello se produjera.

Por el año 1904 y en Vibaño de Llanes (Asturias), nacía, Rodolfo Vela Santovenia, el cual por azares del destino se dedicó a hornero en las tejeras. Casó con doña Evarista Santos Pérez, también de Vibaño de Llanes y es entonces cuando entra en contacto con su suegro Fernando Santos, que era pionero almadreñero en Taberga. Vela ya había empezado a trabajar la madera haciendo cucharas y cucharones utilizando la madera de haya, alisa, o abedul y para las Semanas Santas hacía a sus hijos carracas con madera y cañas de escoba. SIGUE...

de Autor: GONZALEZ MARRON, José María. Tema: Indumentaria / Artesanía. Título del artículo: LAS ALMADREÑAS DE BURGOS


sábado, 2 de febrero de 2008

Ordenan votar los obispos

no la votes

Dibujo: Demócrito (1881) en EL BUÑUELO

Los obispos piden el voto para "el bien mayor" con duras críticas al Gobierno Zapatero
La Conferencia Episcopal emite una nota orientando el voto, en la que ataca la negociación con grupos terroristas, el matrimonio gay o la asignatura de 'educación a la ciudadanía'. (El País).

viernes, 1 de febrero de 2008

Almanaque de El Buñuelo para 1881


ENERO. SOL EN ACUARIO.
Los políticos españoles, al comenzar el año, exclaman: Año nuevo, vida nueva. Los constitucionales y los centralistas, unidos por idénticos deseos y esperanzas, confían cándidamente en que antes de la primavera disfrutarán del poder. Continúa la armonía ministerial. D. Antonio no puede ver á D. Francisco; desea desprenderse de D. Fermín y anda buscando sucesor á D. Cayetano. D. Francisco paga en la misma moneda á D. Antonio; odia cordialmente á D. José y no está conforme con Bugallal, ni demás compañeros. Publícase la ley de imprenta, y se concede una amnistía á los periódicos con el objeto de hacerlos tragar mejor la píldora.
FEBRERO. SOL EN PISCIS.
Obsérvase gran movimiento en los círculos políticos. Los mi­nistros celebran Consejos ordinarios y extraordinarios. Un cons­titucional, de esos que toman posesión de una mesa del café de la Iberia á las siete de la tarde, y no la abandonan hasta las dos de la madrugada —bien es verdad, que en cambio no hacen más gasto— desliza en el oído de un correligionario la palabra: ¡Crisis! A la media hora todo Madrid está enterado, excepción hecha de los ministros, de que el Ministerio se va. Este, entre tanto, dis­cute si las Cortes han de durar tres ó cinco años. La crisis se re­suelve sin que los constitucionales y centralistas alcancen el poder. Llega Carnaval. Se dan bromas más ó menos pesadas, y el nuevo partido constitucional liberal, como han dado en llamarse los fusionados, piensa en disfrazarse de revolucionario. Salve, y no en Atocha, sino en las redacciones de los periódicos La Iberia, La Patria, El Siglo y La Mañana. En esta salve estará el busto de D. Salustiano de manifiesto.
MARZO. SOL EN ARIES.
Empiézala cuaresma para algunos, y continúa para otros. Los moderados, constitucionales, posibilistas y demás gente de opo­sición, aun cuando tienen bula, no pueden comer carne porque carecen de ella. El día de San José es felicitado el Sr. Elduayen, y sepultado en el panteón del olvido el Sr. Posada Herrera. Llega la prima­vera. Las lilas y los lilas florecen, que es un gusto. Hablase de la próxima reunión de Cortes. El Sr. Cos-Gayon hace un nuevo empréstito, y logra que la Bolsa suba céntimo y medio por espacio de dos segundos. El Banco de España prosigue acaparándolo todo, y tutti contenti.
ABRIL. SOL EN TAURO.
Este mes empieza con buen pié, pues el día primero es San Ve­nancio González, constitucional y ministro electo por si propio, de la Hacienda española. Entallecen los cereales; las coles y nabos están en plena florescencia. Vuelven las golondrinas sin música de Casares. Los ciruelos silvestres, no los Ciruelos gobernadores, se cubren de hojas: y algunos posibilistas salen á cuerpo por esas calles. En este mes se injertan los olivos, se podan y labran los naranjos, y hace un viaje á Madrid el Sr. Mariscal para hablar­nos de la langosta.
MAYO. SOL EN GÉMINIS.
El fiscal de imprenta da cuenta de su persona, denunciando cinco periódicos en un día. Se convoca de nuevo á las Cortes. Cúbrese la tierra de un verdor agradable. El general Salamanca, al leerse el Decreto de convocatoria pide la palabra y declara que tiene intención de hacer al Gobierno treinta y tantas interpelaciones, y mil y pico de preguntas sueltas. La aparición de los chorlitos anuncia la llegada de los días largos y calurosos. El Ministerio sigue unido y con pato (compacto hemos querido decir). Algunos constitucionales, que no pueden esperar más tiempo, tiran un pellizquito al presupuesto. Se plantan de asiento los melones y los cohombros, y á los árboles frutales se les limpian los chupones que á sus pies hayan salido.
JUNIO. SOL EN CÁNCER.
Vuelven los centralistas á querer formar rancho aparte, por si así logran más pronto subir al poder. Se escarda el lúpulo, la remolacha, el lino y el cáñamo. El Sr. Cos confecciona un presupuesto ¡que es lo que hay que ver! Empiezan á salir los enjam­bres, que con todas las precauciones necesarias han de recogerse para llevarles á la colmena. Ábrense las Cortes.
JULIO. SOL EN LEO.
Aumenta el calor. Gran consumo de azucarillos en el Congreso. Las oposiciones sudan la gota gorda. Por los grandes colores no pueden trabajar las caballerías de tiro, de doce á tres de la tarde. Comienzan los empleados ministeriales á irse de veraneo. Aparecen algunas partidas de descontentos en varias provincias, y desaparecen varias partidas de dinero que debieran ingresar en el Tesoro.
AGOSTO. SOL EN VIRGO.
No hay un real en ninguna parte. El ministro de Hacienda no encuentra quién le dé dos cuartos. No hay asuntos de que tratar. No hay sesiones. No hay oposiciones. No hay prensa independiente que diga la verdad. No hay quien pueda vivir con el calor que hace. No hay política. No hay Ministerio, pues la mitad ha marchado á baños. No hay Bolsa. No hay nada.
SEPTIEMBRE. SOL EN LIBRA.
Comienza la vendimia. Se prepara una nueva hornada de brigadieres y de gobernadores de provincias. Llegan las ferias. Vuelve á correr el rumor de que hay ¡crisis! Los moderados en esta ocasión creen que ha llegado su hora. El Sr. Mendiri limpia el uniforme. Cheste se aprende de memoria uno de los cantos del Dante, traducido por él, es decir, por Cheste, para recitarlo en la primera sesión de las Cortes a que asista y tome asiento en el banco azul. Nuevo mico que se llevan las oposiciones, resolvién­dose la crisis y continuando al frente del Gobierno D. Antonio.
OCTUBRE. SOL EN ESCORPIO.
Tiempo revuelto. En el Senado no hace más que consumir turnos el Sr. Ruiz Gómez, y en el Congreso, cuando no habla el Sr. Salamanca, es porque está en el abuso de la palabra el Sr. Negrete. El Sr. Gavina anda preocupado con las ligas, y los contribuyentes andan preocupados con las contribuciones. Los constitucionales, que andan algo ligeros de ropa, hacen correr la voz de que pronto serán poder, con el objeto de inspirar confianza a los sastres y zapateros que han de equiparlos en la próxima estación.
NOVIEMBRE. SOL EN SAGITARIO.
Conmemoración de los fieles difuntos. Carreras de caballos en el Hipódromo, con premios del ministerio de Fomento. Quinientos y pico de maestros de escuela fallecen de necesidad en este mes. El Sr. Bugallal coloca á tres sobrinos, cuatro cuñados, siete primos y ocho amigos, que pronto emparentarán con la familia. En la Presidencia vuelven á darse thes con pastas. D. Matias López, diputado de la mayoría y fabricante de chocolate, es nombrado proveedor del ministerio déla Gobernación. El Gobierno asiste en masa á la popular romería de San Eugenio. Prosigue el cebo de los pollos y capones.
DICIEMBRE. SOL EN CAPRICORNIO.
España, como decía muy bien el inolvidable Roberto Robert, confiesa y comulga con devoción; fuma veneno; paga las contri­buciones directas ó indirectas, que no son pocas; va á ver & sus hijos el día de parada; cree que el Gobierno, sea cual sea, es el mejor de los gobiernos posibles, y espera que si las cosas van bien, el Estado le proporcionará un hospital donde acabar sus días.
E. de Lustono

Románico en la Montaña palentina

san Salvador de Cantamuda



san salvador de cantamuda

Fotos de Mª Ángeles y Jesús

San Salvador de Cantamuda en el valle de Pernía. Palencia