miércoles, 9 de mayo de 2007

Las puertas

puertas


1
Y Levantose Eliasib el gran sacerdote con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos aparejaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Meah, aparejándola hasta la torre de Hananeel.

2

Y junto á ella edificaron los varones de Jericó: y luego edificó Zachûr hijo de Imri.

3

Y los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.

4

Y junto á ellos restauró Meremoth hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos, restauró Mesullam hijo de Berechîas, hijo de Mesezabeel. Junto á ellos restauró Sadoc hijo de Baana.

5

E inmediato á ellos restauraron los Tecoitas; mas sus grandes no prestaron su cerviz á la obra de su Señor.

6

Y la puerta Vieja restauraron Joiada hijo de Pasea, y Mesullam hijo de Besodías: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.

jueves, 3 de mayo de 2007

En Roma

Roma 261

El Ruiseñor canta de noche por John Crowley


El Ruiseñor se llama Ruiseñor, Nightingale, porque canta de noche. Hay otras aves que gritan en la noche: el dormilón lloriquea y la lechuza ulula, el somorgujo chilla y el atajacaminos clama y reclama. Pero el Ruiseñor es el único que canta: tan melodiosamente como canta la alondra cuando despunta la mañana, como el zorzal cuando se pone el sol, canta en la noche el Ruiseñor. Pero no siempre ha cantado de noche el Ruiseñor. Hubo un tiempo, mucho después del principio del mundo, pero de todos modos un tiempo muy, muy remoto, en que el Ruiseñor cantaba sólo de día, y dormía toda la noche —como el mirlo y el reyezuelo y la alondra. Cada mañana, en aquellos tiempos, cuando la noche huía y la Tierra volvía de nuevo su cara al Sol, el Ruiseñor se despertaba junto con la alondra y el petirrojo y el reyezuelo. Desembozaba su pico de entre las plumas de su hombro, esponjaba su oscuro plumaje y, mientras los largos rayos del sol se abrian paso a través de la fronda en que habitaba, el Ruiseñor cantaba. Cada mañana, en aquel entonces, parecía ser la primerísima mañana; todo cuanto veía el Ruiseñor, las hojas verdes perladas de rocío, el cielo irisado del amanecer, los árboles altos, el suelo musgoso pululante de insectos, las aves y las bestias despertando al sol, todo parecía nuevo, creado esa misma mañana. Y era así porque el Tiempo no había sido inventado todavía. Aunque estaba a punto de ser inventado.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Crucero gallego en Madrid

crucero gallego en la plaza de Jacinto Benavente de Madrid

del Romancero sefardí de Laura Papo


Arbolera, mi Arbolera, tan galana y tan gentil, la rayis tiene de oro y las ramas de marphyl y la más chica ramica es una dama zarif. Y peñando los sus trensados con su peñe cristallín. Por ahí pasó un caballero que asemejaba a Amadil. --Ansí bivas, caballero, ansí el Dio vos deje bivir, ¿si visteis al mi marido, al mi marido Amadil? --Bien lo vide, bien lo conosco, letra tengo para ti. ¿Cuánto dieras, la mi señora, porque vo lo trusera aquí? --Diera yo mis tres doblones que me quedaron de Amadil. --¿Cuánto dieras, la mi señora, porque vo lo trusera aquí? --Diera yo los mis trensados que me quedaron de Amadil. --¿Cuánto dieras, la mi señora, porque vo lo trusera aquí? --Diera yo mis tres molinos que me quedaron de Amadil. --¿Cuánto dieras, la mi señora, porque vo lo trusera aquí? El uno muele pimienta y el otro giungulí y el más chico de eos arina blanca para Amadil. --¿Cuánto dieras, la mi señora, porque vo lo trusera aquí? --Diera yo mis tres hijicas que me quedaron de Amadil. La una mete la mesa y la otra para servir y la más chiquita de ellas, para burlar y para reír. --¿Dieras vos mi medio cuerpo, para que lo trusera aquí? --Si yo do mi medio cuerpo, ¿lo que le queda para Amadil? --Non penséis nada, mi señora, so yo vuestro marido Amadil.

De aquí para allá

elogio del horizonte